Se acerca la hora de la verdad
Se acerca la hora de la verdad en la definición de candidaturas firmes y decisorias en la competencia electoral por la presidencia de Colombia. Según lo conocido, quienes aparecen con mayor potencial de victoria permanecen bastante lejos de quien ha venido liderando todas las encuestas hasta ahora, cuya masiva convocatoria a eventos en plaza pública contrasta con la reticencia a presentarse en simulaciones de debates; mientras que el crecimiento en los registros diferenciales en las diferentes mediciones, alienta incluso la sensación de un posible triunfo en primera vuelta.
Colombia es un país en el que las campañas parecen iniciar al día siguiente en que se cierran las urnas, producto del nivel de abierta contradicción y confrontación mediática entre quienes, antes que disputarse el control del Estado para conducir el gobierno hacia confluencias que pongan de presente una construcción común, lo han instrumentalizado en favor de gremios y corporaciones de industriales, comerciantes y, especialmente, financistas, muy poco afectos a provocar transformaciones en la matriz de poder y en la distribución de la riqueza, sosteniendo un descarado índice de desigualdad material.
En ese ambiente resultó inusitada la llegada de un presidente proveniente de sectores alternativos, progresistas y de izquierda, cuya agenda política implicaba la concreción de reformas sociales prometedores de beneficios que han resultado constreñidos por largo tiempo, afectando el futuro y el bienestar para las grandes mayorías. El bloqueo permanente que ha debido enfrentar suma a la parálisis en iniciativas legislativas el permanente desmonte de sus políticas por la vía de fallos de constitucionalidad y por cuestionadas decisiones del Consejo de Estado.
El contexto que ha generado la estratagema de asedio y apocamiento de las medidas promovidas por el ejecutivo ha llevado a que crezca la posibilidad de convocatoria a una nueva Asamblea Constituyente que reforme buena parte de las instituciones del país. Hoy, en plena efervescencia electoral, esa instancia de participación del constituyente primario ha abultado la percepción de victoria en la campaña con mayor aceptación popular y recepción en medios no convencionales por parte de quienes están dispuestos a aportarle sufragios a la democracia colombiana.
En el escenario político, lo que queda en discusión es la medida como el actual enfrentamiento por los votos refleja un forcejeo ideológico, tanto como un imaginario de nación disputado entre izquierdas y derechas, teniendo en cuenta que ninguna de las opciones más notorias corresponden a los viejos y desgastados partidos liberal o conservador, buena parte entre los menos opcionados pertenecen a movimientos emergentes registrados por firmas, y los partidos que directamente avalaron candidaturas en realidad son de corta existencia, pese a su notoria presencia en la vida nacional como el Centro Democrático y el Pacto Histórico.
La candidatura con mayor intencionalidad de voto ha sido construida sobre la base de la continuidad de las iniciativas y ejecutorias que tienen al actual gobierno como uno de los más populares de la historia reciente del país. De hecho, llama la atención que tanto el presidente como el candidato a presidente y su designada para la vicepresidencia no solo abarrotan las graderías de los coliseos en los que se presentan sino que alcanzan lleno total en auditorios y teatros, sumados al masivo acompañamiento en plaza pública.
En esos espacios, del “fuera Petro” que había sido impulsado por seguidores de derecha, ha proliferado el “solo Petro en esta mondá”, convertido en un grito de batalla, más allá de una espontánea y jocosa frase caribeña, que alienta y emociona a sus partidarios, quienes ven en el candidato de la Alianza por la Vida a un seguro ganador y continuador del cambio esperado. Con más fuerza que cualquier propaganda oficial, ese popular gracejo evidencia la alta aceptación del gobierno saliente, a cuyo posible reemplazo también le cuadran apellido en esa apología.
Mientras tanto, las campañas que le siguen en intención de voto, ante la aparente imposibilidad de confluir unidas a las urnas, han exacerbado sus posturas con acusaciones mutuas y señalamientos incluso fatuos e infantiles, por momentos. Así, las garras que identifican al candidato en una de ellas parecen afiladas para cortarle el vuelo a quien recibió la bendición de un expresidente fuertemente cuestionado.
Debe decirse que resulta lamentable que a tres semanas de las elecciones las posibilidades de adelantar debates serios, metódicamente organizados, con imparcialidad y rigor aun no se concreten. Aunque empieza a abrirse la posibilidad de que ocurran, la voluntariedad y discrecionalidad con la que se los concibe debería ceder a la obligación constitucional y legal de posibilitar que la ciudadanía resulte ampliamente informada, ampliando las oportunidades deliberativas con las que la democracia asegura la expresión del pluralismo ideológico y político.
Sin embargo, a medida que se acerca la hora de la verdad, pareciera que el actual ambiente de expectativa ante la posibilidad de afianzar las ejecutorias del gobierno saliente, en una curiosa reinvención del “avanzar sobre lo construido” que había caracterizado el mantra corporativo nacional llevará a las urnas a una cantidad inusitada de votantes, con la que se espera romper los discutibles índices de abstención que tradicionalmente alcanzan a cerca del 50% del censo electoral.


