Autorizaciones patriarcales

22 de noviembre de 2021

 

Por: Rudy Amanda Hurtado Garcés

 

Hace un par de días en medio de mis conversaciones cotidianas en casa sobre los feminismos negros, surgieron algunas preguntas alrededor de qué autoriza a ciertos hermanos militantes del movimiento negro a ejercer violencias sobre nosotras, sus hermanas negras, compañeras de lucha. Como diría la consigna feminista que escuché en la pasada marcha del 8 de marzo en la ciudad de Medellín: “en la calle son el Che, pero en la casa Pinochet.”  

Parte de las reflexiones entorno a esta pregunta en particular, me hizo entender desde una interpretación antropológica que un factor clave para realizar este análisis, son las asignaciones que produce la distribución ancestral del espacio sobre las mujeres negras, roles reproductivos domésticos y de cuidado en las comunidades y en espacios urbanos. Si bien esto es algo que muchas hemos aceptado y dignificado, también es cierto que muchas además de asumirlo, hemos empezado a cuestionar e interpelar esos lugares asignados culturalmente, y es justamente allí donde aparece, emerge y nace una relación incestuosa.

Esta relación incestuosa, está asociada a lo que sucede cuando mujeres negras, mayoritariamente urbanas, con formación universitaria y descendientes de territorios colectivos y ancestrales dislocan esos sentidos, se salen de esa normatividad cultural, de muchas de las reglas que se han asumido como consenso. Y es allí cuando nuestros hermanos, compañeros de andadas, de conspiraciones, deslegitiman nuestros lugares y se sienten autorizados para burlas, chistes, comentarios y otro tipo de actos violentos que se justifican bajo espejismos que de fondo lo que encubren es el rechazo a quienes decidimos no encajar más en esos lugares asignados. No cumplir las reglas se convierte en una anomalía que es utilizada como justificación de los abusos. Esa margen, ese espacio entre ser y no ser es lo que produce ciertas autorizaciones para ejercer violencias contra nosotras, mujeres negras, afrodescendientes.

Muchas de las violencias que viven las mujeres negras suceden en espacios que para ellas son lugares seguros. Dolorosamente es común escuchar la historia de hermanas que estando una noche con sus compañeros políticos y después de bailar y reírse con ellos, terminaron siendo drogadas y abusadas sexualmente mientras otros hombres observaban con su silencio cómplice, otras que simplemente nos emborrachamos sintiéndonos tranquilas y despertamos al lado de un hombre con el que jamás hubiéramos tenido sexo. Algunos utilizan su lugar de poder y privilegio dentro de las organizaciones o espacios decisorios como estrategias de conquista a las mujeres más jóvenes que llegan a los procesos buscando un lugar donde construir sus utopías.

 Estas violencias que hemos vivido las mujeres negras en nuestros espacios “seguros” e incluso en espacios políticos rompen profundamente nuestro tejido como comunidad, la desconfianza no viene con el feminismo señores, el separatismo como proyecto político no viene del feminismo. Para muchas mujeres negras la necesidad de aislarse, de crear espacios propios ha sido una necesidad  provocada por las violencias que muchos hombres negros asumen como naturales, así que responsabilizar a los feminismos de lo que ustedes no han podido reflexionar y de lo que no han podido hacerse cargo como varones es una excusa que encubre los dolores que nosotras vivimos al ser abusadas y posteriormente expulsadas de nuestros espacios a través de burlas, de chistes machistas y de reafirmaciones de una masculinidad hegemónica que mucho daño le está haciendo a lo que somos no solo como comunidad, sino además como pueblo.

Adicional a esto, las mujeres negras que se atreven a denunciar o a apoyar estas voces se convierten en sospechosas, son señaladas de dividir y fragmentar las luchas o de poner en riesgo a los varones. Estas mujeres son borradas, silenciadas e incluso marginalizadas de ciertos espacios de participación, interlocución y visibilidad, son enterradas, en cambio si te conviertes en una guardiana de estas violencias te darán un lugar.

Finalmente, quiero hacerles un reconocimiento a mis hermanas, esas que hace años atrás iniciaron este debate, para ese momento, yo estaba del otro lado de la historia, gracias a ustedes por cuidarme, por protegerme y por enseñarme lo que yo no veía en ese momento, pero ante lo cual nunca más guardaré silencio. Y también agradezco a quien desde el espacio más íntimo político me ha ayudado a entender y comprender los feminismos negros. Ahora, reflexionándolo desde un plano académico y político, agradezco a ustedes abridoras de caminos haberse dado la pela de enunciarse como feministas negras o feministas afrodiásporica, cuando muchas ni siquiera entendíamos de qué se trataba.

Sobre el autor

Rudy Amanda Hurtado Garcés. Antropóloga de la Universidad del Cauca (2013) y Magister en Sociología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – FLACSO, Ecuador (2016). Líneas de investigación, antropología histórica, marxismos negros, teoría crítica de raza y etnicidad, sociología histórica, movimientos sociales y acción colectiva, republicanismo negro y teoría anticolonial. Amplia experiencia en trabajo de campo e investigaciones en comunidades afrocolombianas. Asesorías en procesos de consulta previa y fortalecimiento organizativo a consejos comunitarios y organizaciones de base en comunidades afrocolombianas. Autora del libro: Disputas y tensiones sobre ciudadanía y multiculturalismo en Colombia: el proceso de comunidades negras (1990-2014). Flacso Ecuador, Quito, 2016.
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