Ciudad Traqueta

Por Última actualización: 19/07/2020

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Por: Melquiceded Blandón Mena

«Esta casa hecha de sangre y lanzas afiladas»

León Felipe

 

La vida social de los habitantes de la ciudad de Medellín, se encuentra marcada por dos dinámicas hegemónicas contradictorias; una dinámica empresarial vigorosa, creciente y concentrada en pocas familias y grupos económicos de los sectores financiero, construcción, textil, turismo mercantil, tecnología y salud; y otra caracterizada por el control armado ilegal de distintos territorios, comunas, barrios y asentamientos de la ciudad por parte de estructuras y grupos armados en connivencia con sectores del capital y la institucionalidad.

¿Cómo pueden convivir estas dos dinámicas que a simple vista parecen contradictorias?

¿Cómo es posible la coexistencia armónica entre el gran empresariado antioqueño y las estructuras paramilitares que hacen presencia y controlan la ciudad de Medellín?

Esta connivencia criminal, hunde sus raíces, en la formación de la ciudad traqueta[i], modelo de ciudad que se produce a mediados de los años 80 cuando el cartel de Medellín y las estructuras paramilitares se expandieron desde Antioquia y el Magdalena Medio, hacía amplias zonas del territorio nacional, con la proyección de capturar el régimen político y hegemonizar la vida social en el país. La cultura traqueta que impregnó la ciudad, es una identidad formada con el crecimiento del narcotráfico y del paramilitarismo, y su consecuente cooptación del aparato criminal, participación de la vida económica y representación política en la alta dirección y burocracia estatal.

La coexistencia armónica entre la elite empresarial antioqueña, el Estado y las estructuras gansteriles de la ciudad, ha tenido como objetivo el control territorial y el disciplinamiento ciudadano, pero sobre todo erradicar violentamente cualquier proyecto político alternativo que ponga en peligro el modelo de acumulación económico y el control político electoral de la sociedad. Es por ello, que más de 3000 integrantes de la Unión Patriótica fueron asesinados en Colombia entre las décadas de los 80 y los 90; y en los últimos 25 años, cerca de 3000 sindicalistas colombianos fueron asesinados, y más de 8000 han sufrido intentos de homicidio, secuestros, torturas, amenazas, desapariciones, gran parte de ellos en Antioquia.  (León Valencia, 2012).

El modelo de ciudad empresarial gansteril que caracteriza a Medellín, hunde sus raíces en las operaciones militares Mariscal y Orión, donde el Estado y paramilitares recuperaron militarmente la comuna 13, para la implantación de un modelo de aseguramiento ciudadano paramilitar y traqueto por toda la ciudad. Así, pues, Orión, abre la puerta al modelo en cuestión.

Ahora bien, la ciudad traqueta es la ciudad de los controles fácticos. El Estado hace la mímica del control institucional y ejecuta los recursos públicos, pero el control territorial y económico es ostentado por estructuras gansteriles trasnacionales. 

Nadie en Medellín puede negar la presencia y control armado ilegal de distintos grupos en sus territorios, las relaciones de la criminalidad con las comunidades son cada vez más fluidas, cercanas, estás se dan a la luz del día y en la noche, sin capucha, regulan todo aquello que genere rentas, controlan todo el orden social. Es generalizado como las familias, pequeños comerciantes, trabajadores callejeros, ciudadanos y ciudadanas pagan -por una u otra razón- alguna renta o ‘’vacuna’’ ilegal al crimen organizado de la ciudad.

En la ciudad traqueta, las grandes empresas, capitales e infraestructura de las empresas trasnacionales, permanecen impávidos, prósperos y crecientes, pero sobre todo respetados y bajo la vigilancia de las estructuras paramilitares que controlan la ciudad. Sin embargo, la criminalidad se instala en el microtráfico de drogas (red de plazas de ‘’vicio’’ por barrio), la extorsión a pequeños comerciantes, producción – distribución – control de mercados minoristas, cobro de vigilancias barriales inconsultas, vacuna a contratistas de obras estatales, control del presupuesto participativo, extorsión a carros de empresas de abastecimiento básico, pagos extorsivos para el funcionamiento de las rutas de transporte público, cesión de bienes muebles (casas, apartamentos) por parte de las constructoras privadas como cobro extorsivo o derecho para otorgar permiso de construcción en cualquier parte de la ciudad, lo cual deriva en una red de testaferros para habitar los bienes muebles raptados y administrar los negocios y capitales acumulados. 

El modelo de aseguramiento gansteril de la ciudad, implica la administración de un aparato de justicia criminal, donde estas estructuras administran la muerte, definen quién se muere, quién se destierra, dónde y cómo se roba, quién paga y quién y cómo se vive en el territorio, resuelven las guerras y litigios del bajo mundo, en últimas agencian un orden criminal con capacidad de control de toda la ciudad.

Es un orden consolidado y legitimado por sectores poderosos del Estado y la sociedad, donde la connivencia institucional con el crimen es absoluta. Los grandes jefes son gente invisible que ni la misma organización conoce, son invisibles en la visibilidad.

Así, pues, en otra columna hablaré sobre los procesos alternativos, las resistencias, iniciativas solidarias, fuerzas y sujetos que luchan por construir otra Medellín. A veces, hasta siento que las palabras se agotan para describir esta realidad, pero es imposible soslayar la realidad que nos aprisiona, no sea cosa que terminemos como aquel personaje de Gautier que atraído por el amor de Clarimonda, una bella mujer que le seducía desde las profundidades de la muerte, acabó por no distinguir el sueño de la vigilia y olvidar dónde empezaba la realidad y dónde terminaba el deseo.

[i] ‘’El traqueto resuelve cualquier asunto mediante la violencia física directa, pregona su acendrado machismo, hace ostentación en público -entre sus familiares y otros malandros- de los asesinatos cometidos, despilfarra en una noche de farra el pago que recibe por cumplir un «trabajo sicarial» o por haber «coronado» un cargamento de droga fuera del territorio colombiano, compra con moneda todo lo que esté a su alcance (mujeres, sexo, amigos ), aunque sea pobre odia a los pobres y, a nombre de la moral católica, detesta lo que huela a lucha social en el barrio, la escuela o el sitio de trabajo’’ (Renán Vega Cantor, 2014.)

Sobre el Autor: Melquiceded Blandon Mena

Melquiceded Blandon Mena