“Las peligrosas” a las que nos tienen miedo
Por: Rudy Amanda Hurtado Garcés
Una noche disfrutando el placer de cenar unos plátanos fritos con queso costeño en el restaurante Secretos del Mar, uno de los lugares más emblemáticos y concurridos por la comunidad negra/afrodescendiente en la ciudad de Bogotá, sostuve una conversación con varios hermanos sobre el “boom” de las luchas feministas en el movimiento negro. Después de un largo rato de ires y venires en la conversación, uno de los hermanos, entre risas, chistes, tragos de curaos y comentarios aparentemente sueltos, mirándome fijamente me dice, les tenemos miedo a las mujeres negras que se declaran feministas, ellas quieren dividir la lucha del pueblo negro y además quieren lesbianizar a las mujeres del movimiento. No sabemos de dónde han sacado y cogido tanto vicio.
Aquella noche, entendí que algunos hermanos no quieren entender, comprender y tampoco están interesados en tramitar este debate, cada vez que se enuncia, las respuestas son con burlas y risas, y los que intentan medio hacerlo leen los feminismos negros desde la tabula rasa del separatismo y el análisis se queda en la simple ecuación que interpreta las prácticas, posturas y políticas feministas como sinónimo de separatismo. Las acusaciones que señalan a los feminismos negros como “fragmentadores” de la lucha del pueblo negro son disuasiones poderosas que debilitan el lugar de lo político del pueblo negro en tanto es un borramiento de las múltiples diferencias que coexisten en su interior y es un arma poderosa contra el desarrollo de las apuestas políticas de los feminismos negros y por tanto del movimiento.
Estas posturas obedecen al mandato del sistema patriarcal y son reproducidas desde los esquemas de las prácticas del machismo, pero además son uno de los mecanismos más efectivos de reproducción de la misoginia. Ustedes hermanos están cómodos desde ese lugar, porque desde allí pueden ejercer esos microespacios de poder que el hombre blanco les concede, ese pedacito de privilegio otorgado por el hombre blanco, migaja de privilegio que ustedes toman y utilizan para fraccionar y romper a sus hermanas. Eso ustedes hermanos tienen que reflexionarlo, depurarlo y tramitarlo. A nosotras nos toca pelear contra todo el mundo porque nuestros cuerpos son producidos por el sistema racial, patriarcal y capitalista, esas tres experiencias simultaneas de opresión se adueñan de nuestras vidas. Estas condiciones materiales de opresión también son afectadas por las desilusiones, tristezas y soledades que trae consigo declararse feminista dentro del movimiento negro.
Quizás aquella noche debí molestarme y decir todo esto que ahora escribo, quizás muchas veces he debido decirles mientras los miro a los ojos que nos están dañando y que son ustedes los que fragmentan y dividen las luchas cuando prefieren hacerse del lado del pensamiento masculino blanco hegemónico aprovechando las migadas de privilegio, incluso cuando eso implica pasar por encima de sus hermanas negras. Quizás muchas veces he debido decir que me incomoda, que me molesta, que me duele, pero finalmente nunca es tarde y nuestra conciencia cada vez se expande más, cada vez somos más “las peligrosas” a las que nos tienen miedo.
Las estigmatizaciones y señalamientos no deberían hacer parte de ninguna práctica política que defiende la vida, esto no puede convertirse en una práctica política de ningún movimiento de liberación, las mujeres trans negras, los hombres trans negros, lesbianas, feministas, somos pueblo negro. Sino logramos debatir y tramitar estos debates y no les damos un lugar político en los marcos ideológicos del movimiento, la filosofía del Ubuntu del pueblo africano zulú ¡Yo soy porque nosotros somos! serán simples enunciaciones en el mundo de las ideas que no llegan a materializarse aquí y ahora.


