La trivialización del debate político

Por Última actualización: 13/01/2026

13 de enero de 2026

 

Por: John Jairo Blandón Mena

A poco menos de cinco meses que tenga lugar la primera vuelta de la elección presidencial en Colombia, las ideas y propuestas sobre los temas de país brillan por su ausencia. Los candidatos y candidatas coinciden en aparecer mediáticamente con un lenguaje grandilocuente, pero carente de concreción a la realidad de la nación. Se habla teleológicamente de fines o resultados, sin enfatizar o abordar los caminos que como gobernante llevarían a concretarlos.

Sin duda alguna, los resultados de las encuestas recientes se fundamentan en la percepción de qué tanto un candidato se acerca o está distante de Gustavo Petro. Las coincidencias o contradicciones con el actual Gobierno Nacional son la referencia que determina la acogida popular de quienes aspirar a presidir el país. Sin embargo; ni los candidatos continuistas han planteado cómo prolongarían o mejorarían lo realizado hasta ahora por este gobierno, ni los opositores le han expresado con seriedad y argumentos a la nación una manera distinta de dirigirla.

Los temas estructurales del país no se abordan ni con la perorata de un congresista ni con la de un abogado negociante. Colombia necesita formulas de gobierno viables desde la capacidad institucional; y que de manera anacrónica no devuelvan a la nación a épocas que ya demostraron que ciertas acciones no solucionan sus problemas. Habría que señalar que el narcotráfico no se soluciona fumigando con glifosato los campos, ni la guerra bombardeando las zonas que padecen el conflicto, ni la criminalidad aumentando las penas, ni la seguridad solo con mayor pie de fuerza, ni la corrupción, el machismo, el racismo y el clasismo solo con la llegada de en un gobierno de izquierda. Esas lecciones aprendidas parecen ser los planteamientos centrales de candidaturas acogidas en un país sin memoria.

A estas instancias la estrategia electoral de los candidatos no es recorrer el país para hacer planteamientos a la ciudadanía, y a partir de esa interacción construir propuestas legitimadas popularmente. Al contrario, todos parecieran tener una forma, que, aunque desprovista de contenido, es la que se trasmite a un electorado cada vez más conducido por la viralización de la figura del salvador de la nación que hacen los algoritmos de la inteligencia artificial.

Antier, Abelardo de la Espriella dijo que los indígenas son los mayores terratenientes del país y que Colombia no tiene ninguna deuda ancestral con ellos; añadió que, en un eventual gobierno suyo, los convertiría en verdaderos ciudadanos y no permitiría su desorden y que ante cualquier movilización o bloqueo de vías el tigre los mordería y les pondría orden. Esa expresión racista, clasista e ignorante es aplaudida por buena parte de una nación que padece de indigenofobia. El candidato que a todas luces desconoce el contexto de las poblaciones étnicas, propone el autoritarismo y el uso de la fuerza de las armas del Estado para solucionar todos los problemas. Infortunadamente, esas pretensiones antidemocráticas son acogidas en un país que no ha entendido la mayor lección que le ha dejado la historia: la violencia solo ha generado más violencia.

El anterior es un ejemplo de la trivialización en el diagnóstico, pero también en la solución a los problemas estructurales de Colombia. En esto tampoco atina Iván Cepeda, quien desde ya tendría que plantearle al país cómo materializaría los anhelos inconclusos del Gobierno Petro, y no considerar que ser la fase II del Progresismo en Colombia, per se es suficiente para obtener el respaldo masivo de las mayorías.

Por eso desde este medio y tal como lo hice en mi última columna, insto a todos y todas a convocar un debate permanente, abierto y público sobre el país, en el que los candidatos propongan sus ideas para hacerle frente a la multiplicidad de crisis que atraviesan la sociedad colombiana. La nación debe exigir planteamientos serios sobre todos los temas. No quisiera que el próximo 31 de mayo la elección sea entre quien continua la obra de Petro o entre quien la destruirá. Colombia está más allá de mesianismos y personalismos.

Sobre el Autor: John Jairo Blandón Mena

John Jairo Blandón Mena