EL ARRULLO A LA CARMELA ES EN COCALITO
09 de agosto de 2021
Por: Gustavo Santana Perlaza[i]
En aras de comprender la significación simbólica y social de las festividades de la Virgen del Carmen en el Pacifico nariñense, me adentré durante aproximadamente 10 días entre el mar, orillas, quebradas y esteros en esta zona del Litoral Recóndito, donde vivencié dinámicas existenciales que constituyen el mundo de sentido de diversas poblaciones. Una travesía que inició en San Andrés de Tumaco, San Luis Robles, Pasacaballo y finalmente en la vereda Cocal Jiménez “Cocalito”. Les contaré sobre la última.
Cocal Jiménez “Cocalito” es una vereda rodeada de manglar y el mar en el municipio de Mosquera – Nariño, parte del Parque Natural Sanquianga, habitada por alrededor de 120 familias, quienes se desempeñan en actividades mediadas por la explotación maderera, la pesca, concha y otras “cuestiones” que no son el centro de esta discusión. “Cocalito” es un lugar que refleja los problemas sociales, políticos y económicos enquistados en el Litoral Recóndito, pero sin duda, las presencias son muestra de cómo desde las suficiencias íntimas (orientaciones mentales, claves epistémicas y prácticas sociales, no necesariamente reactivas, que despliega un grupo concretando y afirmando su existencia) sus pobladores han venido sobreviviendo, enfrentando las adversidades y reinventándose la vida constantemente.
El 15 de julio, víspera de las fiestas de la Carmela arribo a “Cocalito”, después de un trayecto de dos horas en lancha rápida desde Tumaco, llego a este espacio de vida en el que ya los pobladores adelantaban esfuerzos para organizar las actividades que se avecinaban. En este sentido, las fiestas patronales en los distintos municipios del Pacífico sur colombiano se reconocen por realizar balsadas, arrullos y más, el día anterior de la conmemoración oficial del santo, en este caso, la virgen del Carmen.
Juegos pirotécnicos, cantos tradicionales, viche-curao, comisiones de las veredas, corregimientos y municipios vecinos fueron orillando en “Cocalito”. El escenario de afluencia estaba listo, ya las mujeres y personas no-heteronormativas adornaban el altar, vestían con luces navideñas la imagen de la virgen. Todo un pueblo organizado, dinamizado a partir de la fiesta religiosa.
Al vislumbrar la movilización social de los pobladores en “Cocalito”, recordé al intelectual critico afrocolombiano Rogerio Velázquez en su planteamiento sobre Palenque Literario; “escenario social y cultural propio de los espacios públicos afrocolombianos en los que la tradición oral es eje organizador de relaciones sociopolíticas en el Pacífico colombiano”. Bajo esta óptica, la tradición oral es una herramienta política que ha tenido lugar como práctica social y cultural en la existencia de las poblaciones afros. Cuentos, cantos, decimas, coplas y diálogos iban maravillando mi estancia en este lugar especial.
Al caer el día y empezar la noche del 15 de julio, las prácticas sonoras invadieron cada espacio de la población, se escuchaban melodías sentidas de adoración, mostrando la celebración de vida, el valor más importante de la humanidad. Era sorprendente percibir cómo de manera articulada y unísona los asistentes arrullaban, expandiendo su armonía entre el caserío, el manglar y el mar. El arrullo en el Pacifico sur es un encuentro, una juntanza en la que nos congregamos para adorar a un santo con música y canto. Se trata, ante todo, de una celebración religiosa, que a la vez integra a los participantes en una fiesta. En los Arrullos sólo se interpretan canciones con textos de sentido religioso.
La marimba de chonta, los bombos y los cununos acompañaban cada entonada de las cantoras y cantores. Conversé con Pipe, joven cantor, sabedor y líder LGBT de Mosquera – Nariño, quien me contó que, “estas festividades no son una simple celebración, esto se convierte en un motivo, unidad, por el cual, las personas que participan de ella se encuentran en una conexión mística”, por otra parte, Doña Mirian cantora del pacifico sur afirmaba que, “ha cambia todo en las veredas y municipio, que estos espacios son una de las pocas formas de unificar nuestras fuerzas como población”.
Pensar en conversación con las y los implicados en este mundo “Cocalito”, me llevan a comprender el agenciamiento de formas políticas de articulaciones de la existencia en este poblado en medio del mar. Articulación y fuerzas que forman realidades desde donde resisten y construyen la vida que, me han llevado acuñar lo que llamo epistemologías cantadas y contadas: práctica intelectual-política de hombres, mujeres y persona no-heteronormativas silenciadas que producen conocimiento situado a través del quehacer ontológico y las fuerzas disponibles en el contexto para pensar, re-crear e intervenir los campos sociales, económicos, políticos y culturales que componen la coyuntura presente.
Son muchas las cuestiones que se me quedan por fuera, siento que en este corto escrito no logré situar la magnitud de los hechos vividos, pero sin duda, intento homenajear al pueblo de Cocal Jiménez “Cocalito” por resistir y re-existir en medio de la tormenta que degrada las vidas por estos lados.
[i] Hijo del Pacífico Sur, nacido en El Charco Nariño y criado a las orillas del río Tapaje. Trabajador social disidente y Maestrante en Estudios Culturales Latinoamericanos. Miembro del Centro de Estudios Afrodescendientes – CEA de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y militante del Colectivo Afrojoven. Interesado en investigar, problematizar y transformar la coyuntura presente que compone las realidades desigual-mortíferas. Líneas: epistemologías cantadas y contadas, afrojuvenicidio, las violencias, economía de la muerte, estudios culturales y afrocolombianos, antropología social y trabajo social disidente.