¿Un definitivo adiós al multilateralismo?

Por Última actualización: 15/01/2026

Las violentas, groseras e ilegales actuaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, secuestrando a un presidente en funciones, desmantelando acuerdos y tratados, retirando a su país de organismos de concertación internacional, anulando pactos económicos e imponiendo aranceles advenedizos aranceles, cambiando nombres de hitos geográficos y declarando intenciones de anexión de territorios bajo el control de otras naciones, representa un deplorable adiós al multilateralismo.

La idea de un mundo estratégicamente abierto, organizado sin jerarquizaciones, impulsor de la ciudadanía global, cuyas fronteras no constituyen límites al entendimiento humano, en el que individuos, grupos, organizaciones, movimientos y redes impulsan el bienestar humano, ha alimentado teorías políticas en torno a una sociedad mundial capaz de operar como una comunidad, estableciendo relaciones armoniosas, cooperantes y solidarias, marcadas por tratos amistosos entre las naciones.

En esa confluencia entre teoría y acción, se han gestado categorías como autodeterminación, soberanía, no injerencia; conceptos de significativa importancia en ciencias sociales, que hoy quedan sin valor en actos descarados que reflejan hostilidad, agresión y temeridad, asestando una estocada mortal a la diplomacia y al internacionalismo y a la multilateralidad.

La imposición de gravámenes por fuera de cualquier proporción establecida o concertada en los tratados de libre comercio, no sólo contraría las comprensiones del globalismo económico, sino que pone serias talanqueras al desarrollo exportador de países que han resultado tradicionalmente beneficiados por relaciones bilaterales de mutuo acuerdo.

En el mismo sentido, una toma violenta milimétricamente definida y prohibida en el texto de la Carta de las Naciones Unidas, en la que se lee que “los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”, pareciera confirmar la actuación irreverente e inconstitucional de un individuo y su séquito.

Sin embargo, mucho más allá de constituir una acción aislada, la instalación del autoritarismo como estrategia gubernamental, pareciera estar resituando imperialismos para los que la vigencia de la legislación internacional, ajustando el actuar del ejecutivo sujeto a los pesos y contrapesos constitucionales, importa poco; mucho más cuando en sus propias naciones el entorno político y jurídico resulta animado por intereses plutocráticos.

La narrativa estadounidense, que seguramente implicará el revival de otras posturas neocoloniales, pone de presente que los recursos de un país constituyen activos de interés nacional para quien, sin apego moral alguno, ni fundamento legal, e incluso contra estos dos bastiones del entendimiento planetario, deciden invasiones, imposiciones leoninas, secuestros, atentados y asesinatos de mandatarios, entre otras inventivas disponibles en el cartapacio de los nuevos golpes transestatales.

Así, por ejemplo, resulta inconcebible que a Nicolás Maduro lo depongan con el concurso de una oposición que pretendía obtener por la fuerza el control de las instituciones de un país, que no podría gobernar no sólo por la polarización interna, sino por la pérdida de autonomía producida por el chantaje mafioso estadounidense, motivado por los dólares implicados en hacerse a una de las cuantiosas reservas de petróleo en el mundo, cuya intencionalidad majestuosa le lleva al engreimiento de declarar personales presidencias interinas, abiertamente desobligantes.

Tanto en las declaraciones previas, como en las acciones emprendidas hasta ahora por el gobernante gringo, queda claro que el propósito de una invasión, a Venezuela,  a Groenlandia o configurada contra Colombia, no pretende el establecimiento de un sistema democrático o la radicalización del institucionalismo, tal como queda claro con las pretensiones declaradas para asegurar el negocio del crudo, el control de recursos estratégicos y la disponibilidad de bienes que garanticen reposicionamientos coloniales.

Al haber fracasado monumentalmente en el llamado Oriente Medio, perdiendo todas las guerras que inició para controlar la extracción de petróleo, fingiendo enfrentar grupos terroristas trasnacionales e insurgencias fundamentalistas, el despliegue de acciones unilaterales que reflejan una política exterior revestida de nacionalismos trasnochados que apelan a viejas tradiciones como la denominada Doctrina Monroe, debilitan las alianzas tradicionales y anuncian la ruptura del orden internacional liberal instalado tras la última conflagración mundial del siglo XX.

Así, contra el ordenamiento de una geopolítica democrática, el imperialismo emprende nuevas ofensivas violentas y expansiones coercitivas, soportadas en el miedo y la poderosa presión militar de uno de los ejércitos más robustos del mundo, persistiendo en la imposibilidad planetaria de avanzar de manera sustancial y sostenible en formas de entendimiento que defiendan los valores democráticos. De hecho, en los próximos años veremos avanzadas, andanadas e incursiones injerencistas por todo el globo, buscando terminar por esta vía viejos conflictos no resueltos.

Uno de los asuntos más inquietantes, ante la acometida virulenta y arrogante del neoimperialismo es el masivo e intensivo uso de las redes sociales, cargando de mensajes direccionados los dispositivos personales de tal manera que al público consumidor le resulte imposible decantar la información disponible y termine por colaborar en procesos de señalamiento, detección, perfilamiento y visibilización de públicos objetivos. Conociendo el comportamiento acrítico del individuo promedio, la circulación de millones de mensajes en tiempo real convierte en tendencias masivas que alimenta algoritmos, construye perfiles y los escala sistemáticamente.

La difusión automatizada que sujetos ultraconservadores y enclaves autoritarios hacen en las redes está anidada a una gestión de datos y procesamiento de grandes volúmenes de información orientada a la facilitación de tecnologías que apoyan las políticas de vigilancia predictiva impulsadas por corporaciones y estados, sin necesidad de permisos o consentimientos de los usuarios.

Una de esas empresas, en videos en que aparece el CEO de Palantir propietario del software Gotham, ha defendido el trabajo con agencias gubernamentales y corporaciones para las que recopila y vende información de vigilancia sin consentimiento que, así no lo admitan, convierte en objetivos digitales a grupos que resultan influenciables por intereses comerciales y políticos, a los que dan impulso estratégico con su participación individual en las tendencias distractoras que concentran su atención, tal como declararon extrabajadores de la misma en un difundido comunicado público.

¿Será posible controlar las valentonas direccionistas que alimentan el juego autoritario en este revival del imperialismo del siglo XXI? Apenas comienzan los juegos e intercambios, que develarán las movidas de las con potencialidad de moverse en un tablero complejo. Cuestionamientos al dólar como patrón de cabio, venta masiva de bonos del tesoro estadounidense, con las que se sostiene buena parte de la supuesta estabilidad mundial balanceada entre dólares disponibles y accesos a grandes mercados y volúmenes de consumo, buscando gestar mecanismos de pago por fuera del sistema  fortalecimiento de nuevas monedas y creación de sistemas financieros alternativos en entornos económicos diversificados como los BRICs, robustecimiento y complejización del mercado interno y bilateral, escalamiento del negocio financiero con monedas digitales, e incluso la revaloración del patrón oro, constituyen estrategias de autosuficiencia encaminadas a evitar el aislamiento financiero, mitigar los impactos de las sanciones, y eliminar la dependencia de enclaves macroeconómicos controlados por potencias emisoras. En ese orden, también preocupa la creciente subordinación que está gestándose con el sistema SWIFT de gestión y transferencia de información financiera que, de una cooperativa aseguradora de datos parece estar propiciando nuevas vulnerabilidades en economías periféricas.

En ultimas, el conjunto dibuja un escenario problémico en el que le multilateralismo parece estar de salida en la comprensión del desconcierto planetario, en este obtuso siglo XXI.

Sobre el Autor: Arleison Arcos Rivas

Arleison Arcos Rivas