¡Se acabó la radio!
La radio llegó a Colombia en 1929, año en el que el presidente José Abadía Méndez inauguró HJN, la primera radiodifusora nacional que fue operada durante ocho años por el Ministerio de Educación. Desde esa época, ha sido el medio de comunicación que ha conectado las zonas más distantes con los grandes centros urbanos y ha permitido que la opinión y la información llegue a los lugares más distantes de nuestra geografía. Incluso hoy, en tiempos de la inteligencia artificial.
La radio ha sido articuladora de la vida en los lugares de la Colombia profunda. Prueba de ello, es que de las 1.705 emisoras que hasta 2022 habían registradas en el Ministerio de las TIC, el 41% eran comunitarias. Sin embargo, ese papel preponderante en los territorios y en la vida de los colombianos se ha desvirtuado en los últimos años con la crisis que ha significado el cierre de casi la mitad de las emisoras populares y la fusión o terminación de grandes cadenas comerciales e institucionales; sin dejar de mencionar, la inminente defunción de la frecuencia AM.
En los últimos cinco años, alrededor de 800 emisoras comunitarias han desaparecido en medio de una crisis marcada por la falta de apoyo gubernamental, la imposibilidad de la actualización tecnológica y la violencia en los territorios. En menor medida, según lo ha expresado la Federación Nacional de Medios Comunitarios (FEDEMEDIOS), el indiscriminado aumento de costos que deben pagarle a SAYCO por concepto de derechos de autor. Problemática compleja, pues la mayoría de estas estaciones radiales no tienen ánimo de lucro.
La radio comercial atraviesa una crisis de mayores proporciones. La parcialidad informativa marcada por los intereses de sus dueños que convirtieron buena parte de los periodistas en sus comunicadores a sueldo, arrebatándoles la objetividad, la pluralidad y neutralidad informativa hicieron que estos medios de comunicación perdieran la legitimidad y credibilidad ante la mayoría de la nación; mediciones como el Barómetro de la Reconciliación mostró que más del 84% de los colombianos desconfía en los medios de comunicación.
Esto en un país en que tres grandes conglomerados económicos controlan el 57% del mercado mediático. Uno de ellos, el Grupo Prisa, recientemente adquirido por el millonario francés Joseph Marie Oughourlian es dueño en Colombia de Caracol Radio, W Radio, Los40, Bésame, Tropicana, Radioacktiva y Radio Santa Fe. El nuevo dueño francés y sus capitalistas luego de analizar las ganancias e inversiones aquí decidieron llevar a cabo una masacre laboral de periodistas en sus principales cadenas informativas. La fusión de Caracol Radio y W Radio estuvo precedida de más de 40 despidos. Hoy, esas dos emisoras fusionadas que sumaban hasta el año pasado, según el Estudio Continuo de Audiencia Radial (Ecar) un millón y medio de oyentes, se someten a la instrumentalización y genuflexión de periodistas por parte del capital foráneo que impide la libre expresión vital en la comunicación social.
Entretanto; siguen desapareciendo emisoras. La segunda cadena más importante del país: RCN Radio cerró el pasado 30 de diciembre. Los antioqueños de antaño lamentan el cierre esta semana de su Radio Paisa. Y los bogotanos despidieron en julio del año pasado a la HJCK, emisora cultural pionera en su género por 50 años. Estos son casos icónicos, pero cada mes decenas y decenas de emisoras se aprestan a decir adiós.
Coincido con la frase con que la UNESCO promueve el Día Internacional de la Radio: “La Radio es un medio imprescindible para promover la diversidad, la inclusión y el respeto a los derechos humanos”.


