Las dos fiscalías

Por Última actualización: 19/11/2024

13 de junio de 2023

Por: John Jairo Blandón Mena

En los más de treinta años de vida institucional de la Fiscalía General de la Nación en Colombia, creo que no ha habido un fiscal más presuntuoso y frívolo que el actual. Ha llegado a autocalificarse públicamente como la persona más preparada de su generación y la que ostenta el segundo cargo más importante del Estado. El fiscal Barbosa convierte cada declaración suya en un excesivo show mediático, en el que como cualquier político en campaña dispara sus dardos ideologizados contra todo aquel que represente un opositor de sus huestes uribistas y duquistas.

En su periodo como fiscal una cosa ha quedado absolutamente clara: hay dos fiscalías distintas en la gestión del Francisco Barbosa. Una de ellas, es la que actúa con inusitada celeridad y descomunal exposición mediática en casos que salpican al actual Gobierno. La otra, es la que enmudece y desaparece para pronunciarse ante hechos graves ocurridos en el anterior cuatrienio de su excompañero de pupitre en la Universidad Sergio Arboleda, Iván Duque.

Hay una fiscalía que contraevidentemente solicita la preclusión en primera y segunda instancia del proceso en contra de Álvaro Uribe Vélez por fraude procesal y soborno a testigos. Pero, existe otra fiscalía, que no avanza un ápice en las investigaciones que en contra de exfuncionarios del Gobierno Duque deberían adelantarse por el manejo de los dineros para la implementación de los Acuerdos de Paz, o por la corrupción con los bienes de la Sociedad de Activos Especiales, o por los innumerables casos de malversación de recursos en el Departamento de Prosperidad Social, la Unidad de Víctimas y el Sistema General de Regalías.

En una fiscalía las medidas judiciales son tomadas con extremada prontitud. Los allanamientos al edificio Galán contiguo a la Casa de Nariño donde opera la sala de poligrafía de la Presidencia se dieron casi concomitantemente con la publicación mediática del caso de la niñera de la exjefe de gabinete Laura Sarabia. Pero, las investigaciones sobre Odebrecht, ya en el ocaso de su periodo parecen estar engavetadas durmiendo el sueño de los justos.

La locuacidad del fiscal para rechazar cada declaración presidencial sobre la política de paz total o sobre acciones gubernamentales en materia de orden público; contrasta con el silencio que esa entidad guarda sobre declaraciones ante la Jurisdicción Especial para la Paz de excombatientes y militares que deberían propiciar la apertura de investigaciones preliminares a un importante sector de las elites políticas y empresariales del país. Nada dijo el fiscal sobre las recientes palabras de Salvatore Mancuso ante la JEP. ¿será que la cadena de responsables del histórico accionar paramilitar que señala Mancuso, y que muchos de ellos están vivos y libres, no merecen siquiera una indagación de la Fiscalía? 

Y esa Fiscalía politizada en cabeza de un ególatra sigue siendo una institución que sólo responde a los casos que alimentan el permanente show de un fiscal que poco o nada ha aportado a reducir la impunidad y la dilación judicial. Esa entidad, que en lo que va corrido de este periodo no se ha modernizado, ni ha asumido los grandes retos que le impone la cada vez más sofisticada criminalidad en Colombia. Un ejemplo es el feminicidio, la Fiscalía de Barbosa no avanzó en garantizar justicia en este delito, seguimos teniendo alrededor del 70% de impunidad, y en los últimos cinco años más de 2.500 feminicidios no han sido esclarecidos por la Fiscalía.

Lo único que podemos anhelar como parte del cambio, es que el próximo fiscal sea una persona que entienda que su atribución está en garantizar el esclarecimiento de todos los delitos como camino para que haya verdadera justicia en Colombia. 

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John Jairo Blandón Mena