La fugitiva y las herederas

Por Última actualización: 20/11/2024

24 de octubre de 2023

Por: John Jairo Blandón Mena

A la historia de la bonanza marimbera y otros negocios ilegales asociados al contrabando en la costa norte colombiana desde mediados de la década del 70, está asociada la extensa familia Gnecco. Ese clan familiar oriundo de La Guajira logró amasar una inmensa fortuna a partir de esas actividades delictuales, que los posicionó como amos y señores en el departamento del Cesar y buena parte del caribe.

Ese poder económico y político de los Gnecco se acrecentó con los nexos con grupos paramilitares develados por la justicia, que multiplicaron exponencialmente el control de ese clan familiar sobre la institucionalidad, la burocracia, las finanzas y los territorios cesarenses. Los Gnecco controlan desde hace varios periodos, en nombre propio o ajeno, tanto la gobernación como cerca del 80% de las alcaldías de ese golpeado departamento.

La presencia de esta familia, señalada en cabeza de Jorge Gnecco Cerchar de ser la principal precursora del paramilitarismo en el Cesar, ha sido nefasta. Una creciente espiral de violencia, corrupción y politiquería se ha apoderado de esa otrora productiva y enriquecida región del país. A tal punto, que hoy, la política electoral depende exclusivamente de los designios de ese clan familiar.

Hoy, esa familia está en el ojo del huracán por los hechos delictuales atribuidos a su matriarca Cielo Gnecco que la vinculan con el secuestro y posterior asesinato de dos contratistas del departamento, que, al parecer, sentenciaron su muerte al no cumplirle a la señora con la cuota extorsiva de 2.500 millones a su favor.

Es que el poder corruptor de Cielo Gnecco es inconmensurable. Ella que nunca ha sido elegida ni designada en ningún cargo, ha manejado a su antojo la política del Cesar. Durante cuatro gobernaciones: las dos de su hermano, la de su cuñado y la de su hijo fue ella quien manejó las tretas de la contratación de ese departamento. Es de anotar, que su hijo en 2020 fue separado del cargo, luego de que se demostrara que presionó a 800 familias para que votaran por él, a cambió de permitirles continuar en posesión ilegal de un lote.

La historia de corrupción y líos judiciales de ese clan familiar es larga. Sin embargo, siguen con el poder total en el departamento. La señora prófuga de la justicia Cielo Gnecco continua tras los hilos del poder. Inexplicablemente, no se entiende como esta octogenaria burló a las autoridades que desconocen su paradero y no han podido capturarla.

Entretanto, los politiqueros de los partidos Liberal, Conservador y Cambio Radical se reunieron el mes pasado en el reconocido hotel Sicarare de Valledupar y decidieron entre otras; apoyar a los candidatos del Clan Gnecco para la alcaldía de Valledupar y la gobernación del Cesar. Y, a juzgar por las encuestas publicadas, esa dupla podría ganar. Esa condena al departamento a continuar bajo el control de los corruptos fue denominada por la prensa y los cesarenses como “El Pacto del Sicarare”.

Esperemos, que los habitantes del Cesar cansados de la politiquería, la corrupción y la violencia le den el jaque mate a este entramado de enemigos del progreso del departamento. Y que la fugitiva sea capturada, y las herederas sufran una estrepitosa derrota electoral.

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John Jairo Blandón Mena