Entrevista a Ochy Curiel

Por Última actualización: 08/02/2026

08 de febrero de 2026

 

Por: Federico Pita[i]

Ochy Curiel: “El secreto de la resistencia es la alegría”. De visita en la Argentina para participar del Festival Antirracista y Antifascista, que se realizó el pasado 31 de enero desde las 14 horas en C Art Media, Ochy Curiel dialogó con Negrx sobre racismo estructural, feminismo hegemónico, autonomía política y los desafíos de construir proyectos de liberación en un contexto marcado por el avance de las derechas y el recrudecimiento de la violencia colonial.

Ochy Curiel estuvo en la Argentina donde participó del Festival Antirracista y Antifascista, una jornada que apuesta a la cultura, el encuentro y la acción colectiva como herramientas de resistencia política frente al racismo y el fascismo. Autora de numerosos libros y artículos, profesora, activista y una voz ineludible del feminismo antirracista y decolonial en América Latina y el Caribe, Ochy Curiel conversó con Negrx sobre la persistencia del racismo como eje constitutivo del proyecto moderno-colonial, la vigencia de la antinegritud en la coyuntura global, los límites de los feminismos que reducen sus agendas al género y la necesidad de sostener prácticas políticas autónomas. A lo largo de la entrevista, articula teoría y militancia para pensar horizontes de liberación que enfrenten de manera integral las múltiples formas de violencia que atraviesan a nuestras sociedades.

En distintos momentos planteaste que el racismo es una pieza central del proyecto moderno-colonial y no una desviación del sistema. En el contexto actual, marcado por guerras, crisis económicas y el avance de fuerzas autoritarias en distintas regiones del mundo, ¿Cómo se actualiza hoy el racismo antinegro a escala global?

Bueno, ese planteamiento no es mío, hay muchxs intelectuales y activistas que lo han dicho antes que yo. Lo asumo porque efectivamente creo que es central. El proyecto moderno colonial se basó, fundamentalmente en la idea de raza, es decir, una ficción que deshumanizó, esclavizó y animalizó a pueblos originarios y luego a africanos traídos en condición de esclavitud. Con base a esa idea se clasificó y jerarquizó a los grupos humanos e incluso a áreas geográficas, instalándose así el racismo estructural y el euro-nor-centrismo.

Esto continúa hasta hoy, fue lo que Anibal Quijano nombró como colonialidad, que no es más que una expansión de todo lo anterior hasta el día de hoy, obviamente con continuidades y discontinuidades. Y el racismo sigue siendo su eje central. Ejemplo de ello es el extractivismo. Grandes transnacionales, conjuntamente con capitales de las elites blancas y blanco-mestizas nacionales se roban la tierra de poblaciones negras e indígenas y también de poblaciones campesinas que son racializadas. Esas son las principales víctimas del capitalismo racial. Lo podemos ver también en las deportaciones masivas, las que suceden en Estados Unidos con mucha gente racializada, lo que sucede en Haiti en torno a las deportaciones de migrantes haitianxs y dominico-haitianxs y negros, todo acompañado de intensas represiones. En torno a las desigualdades sociales materiales, las grandes mayorías afrodescendientes de los países de la región son las más empobrecidas, muchas en extrema pobreza. Sumale a esto el imperialismo de la blanquitud que hoy día se reactualiza. La antinegritud inició con la esclavitud pero continuó con los linchamientos, con el encarcelamiento masivo, con la criminalización, con el despojo, con la xenofobia, además de que los cuerpos negros siguen siendo objeto de acumulación capitalista.

En América Latina vemos el crecimiento de gobiernos y movimientos de ultraderecha que combinan neoliberalismo extremo, fundamentalismos religiosos y nacionalismos excluyentes. ¿Qué vínculos ves entre estos proyectos políticos y el resurgimiento de discursos abiertamente racistas, antifeministas y antiderechos?

No solo vemos estos fenómenos en América Latina y el Caribe, sino en todo el mundo. Es que el proyecto de ultraderecha se basa precisamente en esos pilares. En primer lugar, el neoliberalismo extremo, como le llamas, se basa en la centralidad del mercado, la privatización de los servicios básicos, la desregulación, la mínima intervención del Estado, el extractivismo y con ello el individualismo que trae consigo. Es impulsado siempre por las élites económicas y políticas. Se sigue pretendiendo bajo proyectos nacionales elitistas, blancos y blanqueados con base a lógicas supremacistas cultural, racial y étnicamente, que el paradigma de ese proyecto es el hombre blanco católico y con capital económico, social y político, que no está demás decir que ha sido siempre el paradigma moderno. La gente no blanca es la principal víctima. Son quienes más sufren la cuestión material de este proyecto, son quienes están siendo atacados por la intolerancia religiosa por el poder de las iglesias judeocristianas, protestantes, etc. Los fundamentalismos religiosos están basados en una pureza doctrinal, que fomenta la heterosexualidad y con ello la supremacía masculina-cis. Y todo lo que suene a derechos mínimos va a ser reprimido, sea por la vía discursiva, las redes sociales son fundamentales aquí, por la ausencia de mínimas políticas públicas de los estados, como también por la represión.

Frente a feminismos que siguen priorizando agendas centradas exclusivamente en el género y en la interlocución con el Estado ¿Por qué insistís en que el antirracismo debe ser una práctica política colectiva y no solo una identidad o un discurso? ¿Qué riesgos ves en la institucionalización de estas luchas?

Tenemos que entender que el feminismo es moderno. Tiene una historia que surge desde Europa, luego se expande a Estados Unidos y posteriormente llega a América Latina y El Caribe. Su principal lucha, hasta hoy, ha sido en torno a las mujeres con base a su sexo y género. Hace tiempos han surgido corrientes al interior del feminismo que han cuestionado el racismo y el clasismo en el feminismo, como el feminismo negro, el feminismo popular, entre otros. En particular la propuesta fundamental del feminismo negro es que hay que luchar contra todas las opresiones, de raza, de género, de clase, de sexualidad, etc. A pesar de ello, precisamente por el racismo en el feminismo, parecería que, si bien se consideran estos aportes, el impacto para transformar las teorías y las acciones políticas no ha sido suficiente. Es decir, el feminismo hegemónico, que además sostengo que es blanco y blanco mestizo, sigue pensando que su lucha es con base al género y no se compromete con otras luchas, como el racismo, los impactos de las políticas neoliberales, el extractivismo, etc.

No es casual que las agendas fundamentales de esos feminismos son los derechos sexuales y reproductivos o la violencia contra las mujeres, homogenizando así la experiencia de muchas. Y obviamente esto lo sostienen las ONGs, los estados, la cooperación internacional. Es parte del neocolonialismo. ¿Cuál es el riesgo fundamental? Que se desdibuja un proyecto de transformación real que permita urgentes coaliciones entre colectivos y movimientos sociales que luchen contra distintas formas de opresión desde lugares políticos autónomos y autogestionarios. Un feminismo que se siga solo basando en el género es racista, es clasista, es heterosexista, por tanto, es colonial.

Vas a participar del Festival Antirracista y Antifascista en Buenos Aires, que apuesta a la cultura y a la celebración como formas de resistencia política. Desde tu experiencia como activista y artista, ¿Qué papel pueden jugar hoy el arte, la alegría y la acción colectiva en la construcción de alternativas frente al racismo y el fascismo?

Es una de nuestras mejores cartas frente a este sistema de muerte. Cuando el arte se hace desde una conciencia política transformadora tiene mucho potencial de mover conciencias y de paso de mover acciones políticas, porque las expresiones artísticas tocan la sensibilidad, los corazones de la gente. Y por supuesto que debemos denunciar a través de esas expresiones, pero al mismo tiempo debemos celebrar la vida, mostrar otros mundos posibles, reírnos. Para los pueblos negros esto ha sido ancestral y central. Si nos hubieran quitado la risa, la música, la creación, ya nos hubieran aniquilado, y aquí seguimos, disfrutando cada momento, construyendo colectividad, produciendo canto, poesía, artes visuales, entre otras tantas formas. Como dijo la escritora afroamericana Alice Walker: “El secreto de la alegría es la resistencia” y yo también lo digo al revés: “El secreto de la resistencia es la alegría”.

Desde una perspectiva decolonial, ¿Qué elementos consideras imprescindibles para pensar hoy un proyecto de liberación antirracista y antifascista en América Latina y el Caribe, más allá del Estado y de las agendas institucionales?

La autonomía como una ética y una práctica política constante, esto es, no seguir dependiendo de las lógicas del Estado, de la cooperación internacional, ni de las universidades. Es necesario seguir creando lo común y la comunalidad con sujetos múltiples que desean y necesitan construir mundos para la vida. Es urgente crear coaliciones que no están basadas en proyectos identitarios, sino precisamente en proyectos de mundo y ahí habrá muchos seres humanos y no humanos: gente negra, indígena, mujeres, trans, niñxs, montaña, río, perros, gatos, en fin, y aprender de todxs. Como decía la maestra María Lugones, debemos dejarnos traspasar por muchos mundos.

[i] Politólogo (UBA). Especialista en afrodescendencia, raza y racismo. Fundador de la Diáspora Africana de la Argentina (DIAFAR). Activista antirracista afroargentino. Negro de conciencia.

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