La política en las cobijas
Por: John Jairo Blandón Mena
El debate político en Colombia se ha pauperizado a niveles estratosféricos. En un momento histórico en que la nación reclama de sus líderes ideas y propuestas que estén a la altura de los enormes retos que el país y el mundo proponen; aquí, a los medios y opinadores parece más importarles con quién duermen y se levantan de sus camas los candidatos que aspiran a la Presidencia de la República, que la contundencia y solidez de sus planteamientos.
La orientación sexual y la vida íntima de forma ilegal se han convertido en temáticas de interés y cobertura mediática. Ahora; la forma de mostrar apertura democrática es posar con cercanía a comunidades históricamente excluidas, aunque las concepciones e históricas decisiones personales y colectivas de quien lo hace hayan estado en contravía del reconocimiento de sus derechos.
De manera peligrosa se privilegia la opinión ideologizada de los candidatos a lo establecido en el ordenamiento jurídico interno e internacional. Un gobernante no puede sobreponer su concepción a lo que prescriben las normas, máxime en tratándose de derechos. ¿Qué importa lo que se piense de la adopción de parejas del mismo sexo, si la Corte Constitucional ya definió ajustado a la Constitución ese proceso?
La pretensión es poner en cuestión las reivindicaciones que en materia de derechos han conquistado sectores excluidos, y abrir la posibilidad de someter la acción institucional al escrutinio conservador y camandulero de las elites rancias alineadas para destruir los avances progresistas en el país. De esos discursos, los medios tradicionales hacen un estruendoso eco desbordado.
Esta estrategia premeditadamente construida para posicionar a unos como salvadores, y a otros como destructores del progreso de la nación es sustentada por algunos de los candidatos, que ante la carencia de una propuesta programática acogida y legitimada popularmente y el descenso en sus proyecciones electorales, acuden a la fanfarronería e irrespeto de instrumentalizar las luchas de poblaciones vulneradas, sin que su acción política histórica las haya incluido alguna vez.
Hasta ahora, el país se apresta a elegir el que más se acerque o se distancie del actual gobierno. Ese criterio es insuficiente para elegir, y también lo será para gobernar. Ni continuar ni oponerse a Petro es suficiente para sustentar una propuesta política sería de cara al país. Mientras sigamos metidos en las cobijas y en la cama de los candidatos y no en su cabeza, su coherencia política, sus ideas y concepción del país que se requiere para estos tiempos seguiremos banalizando el debate y privando a la nación en su conjunto de la ponderación y el y el juicio lo que más le conviene a Colombia.
Mi petición desde este medio es instar a todos y todas a convocar un debate permanente, abierto y público sobre el país, en el que los candidatos propongan sus ideas para hacerle frente a la multiplicidad de crisis que atraviesan la sociedad colombiana. La nación debe exigir planteamientos serios sobre todos los temas.


