Enemigo público: la cruzada racista por el control de la humanidad

Por Última actualización: 26/07/2026

26 de julio de 2026

 

 

Por: Melquiceded Blandón Mena

En medio del desconcierto y el caos informativo que generan los millones de bots dispuestos por el bloque de capitales hegemónicos de occidente bajo la egida de los Estados Unidos de América en su cruzada racista por el control de la humanidad, ha pasado desapercibida y como una reunión más, la Cumbre Internacional que con la participación de más de 60 países convoco y realizó el pasado 16 de julio en Washington, el Departamento de Estado estadounidense sobre “el auge mundial del extremismo de izquierdas y el terrorismo político”; escenario en el que Marco Rubio – Secretario de Estado y potencial candidato a la presidencia en 2028, indicó que la mayor amenaza a la seguridad ya no proviene del terrorismo islámico, sino de la izquierda.

Esta gran reunión o concierto de las extremas derechas ultraconservadoras y neocatólicas pretendió organizar sus cuadros, fuerzas políticas y militares en torno al “supuesto” resurgimiento del terrorismo político de izquierda, nuevo enemigo público del Desarrollo, el Capitalismo y el orden natural del mundo. Así, tal como en otros momentos del siglo anterior se construyó el enemigo “Comunista”, después de  los ataques del 11 de septiembre de 2001 se construyó el enemigo “Terrorista”, ahora bajo el primitivo recurso de un fantasma wokista que recorre y sacude al mundo, se construye un nuevo enemigo de la “civilización occidental”, que fundamente así el conjunto de guerras del gobierno estadounidense por el control político, económico y militar del hemisferio, y sustenté la cruzada racista por el control de la humanidad.

El nuevo enemigo público creado en las salas de estrategia de guerra de los think tanks de la derecha trasnacional, es concebido como un conjunto de personas, organizaciones y gobiernos violentos y ajenos a la civilización occidental y cristiana, y en el que, según su relato, confluyen negrxs, indígenas, migrantes, comunistas, anarquistas, marxistas, antifascistas y hasta socialistas democráticos (como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, el progresismo colombiano, Lula da Silva, Claudia Sheinbaum), categorías todas funcionales al fascismo contemporáneo y sus satélites mundiales.

Es la creación de un antisujeto que arrope todo el campo político organizado bajo el paraguas del autodenominado “antifascismo”, que incluye el antiamericanismo, el anticapitalismo y el anticristianismo; el apoyo al derrocamiento del Gobierno de los Estados Unidos; el extremismo en torno a la migración, la raza y el género; y la hostilidad hacia quienes mantienen las visiones tradicionales estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad.

La nueva caza de brujas incluye en un mismo antisujeto a guerrillas latinoamericanas, movimientos sociales legales en Estados Unidos, movimientos políticos progresistas o de izquierda, organizaciones solidarias, universidades, grupos contra las deportaciones: Antifa, Black Lives Matter y el activismo propalestino. Toda la red de luchas que arropa al wokismo.

Ahora bien, dentro de las violencias que más llama la atención de esta cruzada racista por el control de la humanidad, es el macartismo o persecución política e ideológica sobre algunos dirigentes políticos de las izquierdas en el mundo. Se ha vuelto recurrente los señalamientos y censura a una larga lista de individuos y colectivos, incluidos periodistas como Amy Goodman (de Democracy Now!), organizaciones como los Socialistas Demócratas de América (DSA) y el Gremio Nacional de Abogados (National Lawyers Guild); políticos como Zohran Mamdani y Karen Bass (alcaldes de Nueva York y Los Ángeles), congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders e Ilhan Omar y activistas como Ben Cohen (empresario cofundador de Ben & Jerry’s) o Alicia Garza (fundadora de Black Lives Matter).

En su pretendido patio trasero, la política exterior estadounidense potencia un inusitado giro político “electoral” hacia la extrema derecha, a través de la piratería y construcción instrumental de las decisiones electorales, la inversión e intervención de capitales trasnacionales en la financiación de los candidatos de ultraderecha, la manipulación gansteril de los escrutinios por parte de las cortes electorales nacionales, el riesgo de despidos masivos por parte de sindicatos de empleadores y socios capitalistas, en la confabulación mediática de los dueños de los medios masivos de comunicación para generar matrices de opinión que consoliden las matrices informativas del establecimiento y en la conspiración de las iglesias ultra conservadoras en contra de los candidatos de izquierda o progresistas.

Un corolario acompañado de una persecución y estigmatización violenta hacia el periodismo independiente, la academia crítica, las instituciones públicas y solidarias que protegen derechos, las organizaciones de la sociedad civil y todo conato de resistencia o alternativa al poder se convierte en un potencial foco de terrorismo y desorden social. Es la demonización de la diferencia política e ideológica progre  como peligrosa, terrorista, antipatriótica, inmoral y, en última instancia, subhumana.

Así las cosas, la reunión ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político, en mención, preparó el terreno para vigilar, sancionar y criminalizar a quienes cuestionen la política exterior y la estrategia de seguridad nacional de Washington, ordenando el aplastamiento para siempre al nuevo enemigo público de la civilización capitalista occidental. Sin embargo, tal como nos legara Chinua Achebe[i] en Todo se desmorona, a veces pienso que el mayor triunfo del poder no consiste en imponerse por la fuerza, sino en convencer a los pueblos de que su destino ya ha sido escrito por otros. No sea que terminemos como Okonkwo, aquel guerrero que vio cómo el mundo que había conocido se desmoronaba sin alcanzar a comprender que el verdadero combate ya no se libraba únicamente con lanzas, sino sobre el sentido mismo de la historia.

[i] Chinua Achebe, Todo se desmorona (Things Fall Apart, 1958).

Sobre el Autor: Melquiceded Blandon Mena

Melquiceded Blandon Mena