A cien años del nacimiento de Frantz Fanon
Frantz Fanon es, sin lugar a dudas, uno de los pensadores más trascendentales de la historia, y el pensador afrodescendiente más importante. Pese a su temprana partida, legó al pensamiento social una creativa comprensión de la opresión y la dominación política, sustentando las alternativas de lucha más allá de la sola contestación; es decir, afirmando la tarea emancipadora total.
Sus dos libros más conocidos, “Los condenados de la tierra” y “Piel negra, máscaras blancas” resultan de lectura obligada y necesaria no solo por su convocatoria libertaria sino por la postulación de una postura crítica que enfrenta la inferiorización, la alienación y el propio apocamiento o autonegación, comprendiendo que las relaciones políticas estructuran una dinámica de poder asimétricas, multirreferenciales y expansivas, cuyo derribamiento requiere un sujeto consciente, capaz de afirmarse a sí mismo por fuera de toda fijación y socavamiento de tal mismidad.
Para Fanon, los fenómenos de erosión de la dignidad humana asociados a la instalación y expansión de la situación colonial no reclaman la precaria y mistificada igualdad liberal, sino la radical tarea de la liberación: “Sí, como se puede ver, apelando a la humanidad, al sentimiento de la dignidad, al amor, a la caridad, nos sería fácil demostrar o hacer admitir que el negro es igual al blanco. Pero nuestro objetivo es otro muy distinto: lo que queremos es ayudar al negro a liberarse del arsenal complexual que ha germinado en el seno de la situación colonial.” [PNMB, Akal, 57]
En igual sentido, el enfrentamiento a la intransigencia de las dinámicas de oprobio, escenifican una tensión política que desmitifica la posición colonial y rompe con toda concepción paternalista, pueril e inferiorizante soportada en la negación del ser y la minusvaloración de cultura, civilización y pasado histórico para los pueblos racializados, subrogados y dejados al margen.
Aunque rechaza todo purismo y fijación comparativa, Fanon postula una teoría sociohistórica que demanda entender y actuar sobre los fundamentos psíquicos, intersubjetivos, ideológicos y políticos que sustentan la subordinación, la explotación y el dominio colonial, cuyo desbloqueo y derribo implica asumir estrategias insumisas, de afrontamiento y combate, desplegadas hasta desacoplar el engranaje opresivo que organizas y perpetúa la matriz de poder operada en contra de los condenados de la tierra.
La ruptura de los lazos coloniales, en cada contexto en el que opera su mecanismo, debe ser conducida por movimientos que asuman las acciones complejas de resistencia y liberación, inspirando a los pueblos a ser conscientes de la intensidad y radicalidad de la lucha contra la domesticación y la superación de las contradicciones sociales y políticas desventajosas; minando todo complejo inferiorizante y racializado.
Una juiciosa lectura de la obra de Fanon, tanto en sus libros fundamentales como en la diversidad de sus escritos políticos, desestructura el pensamiento cautivo, provocando transformaciones psíquicas y volitivas que reclaman compromiso con el afán incesante de reto al sometimiento, emprendiendo la tarea común de transformación del mundo. Tanto la autodeterminación como la oposición y desinstalación de la situación colonial implican la eliminación de toda máscara con la que se recubre la estructura del capitalismo, el colonialismo y el racismo bajo la desafiante estela patriarcal.
Este último asunto, si bien no fue ampliamente explorado por Fanon, develando una de sus limitantes, constituye una vertiente de nuevas aproximaciones y posibilidades de avance en el camino de la emancipación para nuestro tiempo, necesitado como está de adentrarnos en nuestra propia y original tarea liberadora, sin asimilacionismos, dependencias, ni elucubraciones fantasiosas.
En la aspiración a consolidar alternativas transformadoras, Fanon sigue liderando la causa revolucionaria que, en todo lugar de nuestra propia época, tiene su propia tarea en la demolición de los esquemas corporales e histórico-raciales que exacerban la deshumanizante problemática social. De ahí que, llegados al centenario del nacimiento de Fanon, no importe tanto su propia biografía como revolucionario sino su sugestivo pensamiento para acompañar nuestra caminada en torno a las luchas de liberación para el tiempo presente, tomando incluso distancia de los espacios y experiencias particulares que alimentaron su perspectiva emancipadora.
A cien años del nacimiento de Frantz Fanon, bien viene rememorar las palabras de cierre que, piel contra máscaras, continúa interpelándonos y reclamando un sujeto consciente y emancipado, dedicado a la tarea de diseñar y poner en común el mundo del Tú:
“Mediante un esfuerzo de reconquista de sí y de despojamiento, por una tensión permanente de su libertad, los hombres pueden crear las condiciones de existencia ideales de un mundo humano. ¿Superioridad? ¿Inferioridad? ¿Por qué no simplemente intentar tocar al otro, sentir al otro, revelarme al otro? Mi libertad, ¿no se me ha dado para edificar el mundo del Tú? Al final de esta obra, me gustaría que sintieran, como nosotros, la dimensión abierta de toda conciencia. Mi último ruego: ¡Oh, cuerpo mío, haz siempre de mí un hombre que interroga!”
