El trabajo de cuidado es un trabajo emocional: mujeres negras en el servicio doméstico
Por: Diana Lorena Montaño Riasco
Trémula y entristecida Flor María Cuesta, Secretaría del Sindicato de Trabajadoras Domésticas Afrocolombianas en Medellín, relataba como, ‘’el único trabajo que le resultó a su mamá, fue trabajar en casas de familia, salía a las 6:00 am y llegaba a las 9:30 pm. Trabajó 20 años en casas de familia, y nunca estuvo afiliada a una EPS’’[i]. Este testimonio desenmascara la verdad de un mercado laboral sórdidamente racista, sexista y clasista, en el cual pocas son las opciones que tienen las mujeres negras para desempeñar trabajos bien remunerados, con condiciones laborales optimas y sin exposición a prácticas de discriminación racial.
En el 2013 la Organización Afrocolombiana Carabantú junto con la Escuela Nacional Sindical en Medellín adelantaron un estudio con 120 mujeres afrocolombianas, que desempeñaban labores de cuidado desde el servicio doméstico, de las cuales el 61% manifestaron haber sido discriminadas racialmente para conseguir empleo, por lo que terminaron laborando en casas de familia, el 91% laboraban como internas entre 10 y 18 horas al día, al 90% de las mujeres no les pagan horas extras y que el 85% de estas mujeres reciben menos del salario mínimo mensual[ii].
Este diagnóstico visibilizó como el trabajo doméstico tiene las peores condiciones dentro de las labores relacionadas con el cuidado, y está más sujeto a las dinámicas de explotación. A su vez, esta severa realidad, me hace pensar en el impacto de esta labor en el bienestar psico – afectivo de las mujeres afrocolombianas y sus familias, dado que el trabajo del cuidado es un trabajo emocional, muy a pesar de que se invisibilicen las emociones como parte circunstancial del servicio, cientos de mujeres trabajadoras domésticas deben recurrir a procesos y estrategias para ajustar su expresión emocional a las expectativas y requerimientos de sus empleadores durante los espacios de tiempo en que desempeñan sus funciones, y en definitiva, controlar las emociones durante 10 o 18 horas, debe implicar un esfuerzo psico – emocional agotador para las mujeres negras.
De modo que, cuando Flor María Cuesta, relata su propia experiencia como empleada doméstica subrayando, que cuando solicitaba irse temprano porque alguno de sus hijos se encontraba enfermo, sus empleadoras le inquirían “¿Es que primero está el trabajo o sus hijos?”, y en ocasiones, esto le generaba ser despedida. En muchas ocasiones, las mujeres negras no sólo quienes se dedican al cuidado desde el servicio doméstico sino también enfermeras, docentes, secretarias han tenido que tragarse la rabia, la ira, la angustia frente a situaciones violentas que han vivido en el contexto laboral, generando un conflictivo interno, que ha llegado hasta la disonancia mental, haciendo difícil “mantener el bienestar emocional haciendo un trabajo insatisfactorio, rutinario, violento y altamente estresante”[iii]
El desgaste psico-emocional de las mujeres negras en las labores de cuidado como el servicio doméstico ha tenido grandes costos, recuerdo a una familiar que llegó al borde de la locura, y es que este esfuerzo mental constante genera síntomas depresivos, agotamiento emocional, incrementos en la activación cardiovascular con efectos negativos a largo plazo y disminución del rendimiento[iv]. Y reconociendo estas afectaciones emocionales, no estoy aludiendo a que no han resistido a los intentos que se han dado para controlar sus emociones, parte vital de la construcción de su identidad como mujeres negras, sé que hay un sinfín de relatos emancipadores. Yo misma recuerdo el de una tía, que confrontó a una empleadora que le acusaba de robo para no pagarle el salario y despedirla. Sin embargo, creo que aunque se haya dado el acto de resistencia, sino se transita por un proceso de sanación de esa experiencia, se puede mantener la carga emocional provocada por la situación vivida.
Actualmente en Colombia se registraron 687.000 personas en el ejercicio del cuidado doméstico, a quienes como sociedad colombiana debemos reconocer el valor real de su cuidado y aporte al crecimiento económico nacional, en el 2017 se calculó en 332.515 miles de millones de pesos la producción del trabajo Doméstico y de cuidados no remunerado, sólo inferior en relación a la industria en 13.788 miles de millones de pesos[v]. Así, esta actividad que produce tan altos rendimientos al bienestar social, debe ser más apreciada, dignificada y humanizada dentro de las políticas públicas y normatividad del país. Aunado a ello, la urgencia de poder aportar en la garantía de disminución de la carga emocional de las cuidadoras, a quien “tantas cicatrices y situaciones dolorosas dejaron su vida a medias”[vi]
[i] Testimonio de Flor María Cuesta, publicado en YouTube en el canal hablemos de empleadas domésticas. Recuperado de https://youtu.be/DUCfaWjB2MA.
[ii] De cuidados y descuidos: la economía del cuidado en Colombia y perspectivas de política pública. Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/Colombia/ens/20170803044636/pdf_905.pdf
[iii] Bell hook. Sister of the yam. Black women and Self Recovery. (1994) Routledge. New York and London.
[iv] Martínez, I. d (2001). Evolución del concepto de trabajo emocional: dimensiones, antecedentes y consecuentes. Una revisión teórica Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones. 17 (2) pp. 131-153. Madrid – España. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
[v] Cuenta de producción de la economía del cuidado – 2017 provisional https://www.dane.gov.co/index.php/comunicados-y-boletines/cuentas-y-sintesis-nacionales/economia-del-cuidado.
[vi] Canción quiero Sanar de Cinthya Montaño https://youtu.be/hLE8KJOHnt8.
*Imagen tomada de infobae


