Una visita inesperada

23 de diciembre de 2023

Por: Diana Lorena Montaño Riasco

Mi corazón apretujado me despertó al amanecer,

dolía tan ferozmente que quería arrojarme al suelo y revolcarme en llanto. 

Las lágrimas buscan desbordarse por mi rostro, para trazar una curva devastadora de lamento.

Mis recuerdos eran vagos y casi indescifrables:

Quizás se me hizo una confesión, una revelación sin tapujos por la boca de una hija de Yanza,

A lo mejor, Yanza misma se me reveló pidiendo la muerte de mi personaje cómico femenino.

Sí, la mofa del patriarca debía morir.

Una inconmensurable tristeza se aposento a mi costado,

Me abrazo, me susurro, me observó

Trajo un caótico mundo de recuerdos enterrados en mi inconsciente:

Promesas no cumplidas, burlas, abusos, miedos, engaños, mentiras…

Quería escapar, evadir esas memorias, noquearlas con mi gancho derecho del desinterés

Pero, no pude. Me quedé llorando. Sintiendo como mi mente se embotada, se sentía confusa.

El silencio atravesó mi existencia, un silencio difuso y profundamente ensordecedor, y la vi

Sí, la vi. Allí estaba la tristeza observándome impávida, con compasión hacia mi personaje cómico.

Me tendió un pañuelo embebido de conciencia y al pasarlo por mi rostro, pude ver. Sí lo hice.

Pude ver, que había estado huyendo a todo sentimiento nostálgico, le huía con la indolencia de quien sabe que, allí no reside ningún placer de ser merecido.

Pero ahora, podía saborear el mensaje entregado por la tristeza, era amargo sin lugar a duda. Aunque, en cada masticada su sabor se iba transformando y sentía mayor levedad en mi corazón, en mi estómago, en mi sexo.

¿Por qué había estado huyendo?

¿por qué no me había atrevido a ver a los ojos a la tristeza sin buscar confrontarla?

Siempre luchando contra mis emociones no ensalzadas socialmente,

Olvidando que, hasta el mar más glamuroso, embadurna nuestros cuerpos con sal.

Siéntate conmigo tristeza, quiero escucharte

Si has insistido en buscarme por tantas décadas, seguramente tienes algo importante que confesarme.

Te escucho,

Hoy te abrazo

Ya no te huyó,

Ya no te confrontó,

solo te siento

y te abrazo.

Tú también mereces ser amada.

Bienvenida tristeza

mujer negra

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