Las cadenas que Curazao decidió romper para siempre

Por Última actualización: 07/12/2025

07 de diciembre de 2025

Por: Sol Duarte[i]

En la costa sur de Willemstad, en el mar Caribe, se levanta un conjunto de esculturas que obliga a detenerse. El monumento Desenkadená, fue pensado como un acto público de reparación, un espacio donde la isla de Curazao interpela su propio pasado esclavista y reivindica a quienes se atrevieron a desafiarlo.

A la entrada, una placa anuncia “Parque de la lucha por la libertad” y enumera los nombres de los líderes que, en 1795, encabezaron una de las rebeliones antiesclavistas más importantes del Caribe neerlandés. Allí mismo, en ese punto donde hoy llegan turistas y estudiantes, los líderes fueron ejecutados por el gobierno colonial. No hay forma de mirar esas letras sin percibir la tensión entre el silencio que siguió a la represión y el gesto contemporáneo de inscribirlos para siempre en la superficie de la isla.

La obra central, creada por el escultor curazoleño Nel Simón, está compuesta por tres figuras de bronce, un hombre y una mujer encadenados a los costados, y, entre ellos, un tercer hombre con un martillo en alto, a punto de quebrar el hierro que los mantiene cautivos. Esa figura representa a Tula, líder de la gran rebelión de 1795 e ícono de la resistencia afrocaribeña.

Junto al conjunto escultórico, una placa repite una frase que condensa toda la gesta, “Al fin libre”, en inglés y holandés, acompañada por la fecha del 3 de octubre de 1795, día en que Tula fue asesinado públicamente.

La rebelión comenzó el 17 de agosto de 1795, en la plantación Knip, cuando un grupo de personas esclavizadas, decidió protestar hacia Willemstad para exigir un trato digno. Pero lo que inició como una demanda puntual se convirtió, en cuestión de horas, en un levantamiento a escala insular. Cerca de dos mil personas se sumaron a la movilización, liderada por Tula junto a Louis Mercier y Bastián Karpata.

Durante un mes, el levantamiento obligó a las autoridades a enfrentar la legitimidad moral de un sistema basado en la deshumanización. Tula argumentaba que la rebelión era un derecho, que ningún pueblo podía ser condenado a la servidumbre. La respuesta colonial fue brutal, decenas de personas fueron asesinadas y los líderes ejecutados tras torturas ejemplificadoras.

Aunque la esclavitud continuó hasta 1863 en todas las colonias holandesas, la revuelta dejó marcas profundas. El régimen tuvo que introducir algunas regulaciones mínimas, un día de descanso, acceso a ropa y alimentos, que, aunque insuficientes, reconocían que algo se había quebrado.

Recién en 1984, el gobierno de Curazao declaró el 17 de agosto como Día de la Lucha por la Libertad, institucionalizando una fecha que la población afrodescendiente ya sostenía desde hacía generaciones. En 1998, se inauguró el monumento Desenkadená en el mismo lugar donde murió Tula, y en 2010 el sitio fue reconocido por la UNESCO como espacio de paz y cultura.

El proyecto de Nel Simón traduce en bronce tres ideas, libertad, poder y dignidad. No es casual que el monumento mire hacia el mar, ni que las figuras ocupen un territorio donde la geografía y la violencia colonial se tocaron durante siglos. Allí desembarcaban los barcos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, que convirtió a Curazao en un nodo estratégico del comercio esclavista entre África, España y el Caribe.

Cada 17 de agosto se realizan actos oficiales en el monumento. Funcionarios, organizaciones civiles y afrodescendientes recuerdan a quienes abrieron camino. Y cada 3 de octubre, colectivos como Plataforma Sklabitut, Herensha di Sklabitut y la Fundación NAAM realizan ceremonias para honrar a los ejecutados.

Desenkadená es una conversación con la historia. Un recordatorio de que las islas del Caribe, Curazao, Aruba, Bonaire y tantas otras, no pueden comprenderse sin pensar en la diáspora africana que las moldeó.

[i] Activista antirracista e integrante de DIAFAR (Diáspora Africana de la Argentina)

Nota: El aporte del autor, ya fue publicado en:  Diario Página 12 – https://www.pagina12.com.ar/2025/11/23/la-casa-minima-una-puerta-angosta-hacia-la-memoria-negra-de-buenos-aires/

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