Oscar León: el gran sonero del mundo

13 de julio de 2021

 

Por: John Jairo Blandón Mena

 

Al calificar desde el título a Óscar Emilio León Somoza como el gran sonero del mundo, tendría que expresar mi absoluta parcialidad. Gracias a mi padre vengo escuchando sus melodías desde el mismísimo vientre: María, Mi bajo y yo, Mi negra está cansá, La mano, Reclamo místico, El baile del suavecito, Huele a quemao y tantas otras reemplazaron en mi caso a las canciones de cuna. Ese artista, con el que crecí y por quien inicié a amar la Salsa Afroantillana, lo vi por primera vez en tarima después de haberlos visto casi a todos los del género, y en ese momento concluí que no era solo un sonero, sino que su potente voz, su majestuosa interpretación del bajo, su impecable dirección musical y su cadencioso baile (todos ocurridos de manera simultánea) lo convertían en un verdadero showman, como lo llamaron en Venezuela en sus comienzos.

Oscar D’León se formó tanto en su voz como en la ejecución instrumental de manera empírica, siempre ha aseverado que sus profesores fueron espirituales, y en ese combo incluye a sus ídolos de siempre heredados de su padre, el albañil Justo León: Benny More y Celia Cruz, y a las grandes orquestas cubanas de la época: el Trio Matamoros, la Orquesta Aragón y la Sonora Matancera. Creció en uno de los más populosos sectores de Caracas, la Parroquia de Antímano, desempeñó toda suerte de oficios para palear su pobreza, pero la música lo sacó de haber sido taxista o mecánico y de haber privado al mundo de su inconmensurable talento.

Iniciando la década del 70, incursionó como bajista e interpretando algunas melodías cubanas y de la Billos Caracas Boys con la orquesta de planta de la entonces Cervecería “La Distinción de Caracas”. Tiempo después, Oscar y otros músicos deciden juntarse con mayor proyección y crearon inicialmente un sexteto al que llamaron Dimensión 6, y que posteriormente, se creció y cambiaron a Dimensión Latina, la cual sería la primera orquesta de renombre de Oscar D’León justo en 1972. Un gran músico lo acompañó en ese proceso, el gran Enrique “culebra” Irriarte, que, aunque estuvo poco tiempo, fue definitivo en la carrera naciente de Oscar, y luego en su consolidación musical, pues fue arreglista y pianista de sus grandes éxitos:  Mata Siguaraya, Manicero, Mi bajo y yo, Mis hijos, Juanita Morel, Ven Morena y otros.

Y, aunque en sus inicios la Dimensión Latina interpretaba canciones del puertorriqueño Mon Rivera y de Eddie Palmieri; muy pronto grabarían en voz de Oscar D’León su primer gran éxito “Pensando en ti” en un álbum compartido con otra tremenda banda venezolana “El Clan de Víctor” (escuchen de éstos la canción “Alcatraz”). Un año más tarde, Oscar grabó su segundo trabajo con la Dimensión en el que popularizó en Latinoamérica las melodías Ta-Ta-Li-Baba, La comprita y Quiéreme. Pero, en 1974 llegó a esa orquesta Wladimir Lozano, un maravilloso bolerista venezolano, quien hizo a dúo con Oscar maravillosas canciones como Taboga, Te conocí, Paranpanpan y una que no puede faltar en una pista de baile salsera: La vela. Con esos temas la Dimensión Latina se internacionalizó. En 1976, antes de que Oscar se fuera de la orquesta e iniciara su carrera como solista estuvieron de gira en Nueva York y se presentaron en los grandes escenarios alternando con los grandes artistas del momento del boom salsero.

Con un prestigió ya ganado, Oscar inició como solicita con su propia orquesta: La Salsa Mayor. En su primer trabajo que denominó “Con bajo y todo” destaco tres melodías maravillosas: Por tu bien, Para Changó y Tu no sabe na’. Paralelamente, creó otra orquesta que llamó La Crítica, en la que lanzó varios trabajos, pero a mi particularmente, me encanta el que titula “Se necesita un rumbero” con una canción con ese mismo nombre y ese bolerazo “Contestame”.

Su admiración por la música cubana llevó a Oscar a grabar la Mata Siguaraya de Lino Frías y siempre original de Beny Moré, Monta mi caballo de Miguel Matamoros, El manicero de Moisés Simons, Calculadora de Rosendo Rosell y Longina de Manuel Corona; y en algunos casos las popularizó por encima de las versiones originales. Los cubanos amaron su música y por eso lo invitaron en 1983 a una gira que lo presentó en el Anfiteatro de Varadero, en el Teatro Karl Marx y en el Parque Lenin de la Habana; allí hizo un inolvidable homenaje a su ídolo “el bárbaro del ritmo” Beny Moré, que, aunque el reaccionario exilio cubano en Miami lo rechazó por considerarlo un apoyo a Fidel Castro, para Oscar fue cumplir un sueño, y para muchos cubanos ha sido incluso hasta hoy, el mejor concierto que artista extranjero haya dado en esa isla (fue apoteósico, vean los videos).

Estas son sólo unas líneas muy incompletas del gran Oscar D’León, a quien considero el gran sonero del mundo. Más de 60 álbumes grabados, centenares de premios a lo largo y ancho del planeta, Doctorado Honoris Causa; y una vida artística de constancia, trabajo y disciplina que con casi 50 años de carrera musical lo mantienen vigente y siendo en concepto de muchos el mayor exponente de la Salsa Afroantillana en la historia.

Sobre el autor

Abogado de la Universidad Católica Luis Amigó. Especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Autónoma Latinoamericana. Especialista en Métodos de Enseñanza Virtual de la Universidad Católica del Norte. Especialista en Estudios Afrolatinoamericanos y Caribeños de Clacso. Magíster en Educación del Tecnológico de Monterrey. Y actualmente Candidato a Doctor en Educación de la Universidad Católica Luis Amigó. Se ha desempeñado como docente universitario. Coordinador del Equipo de Trabajo de Medellín en el Proceso de Comunidades Negras (PCN). Coautor de libro: Debates sobre conflictos raciales y construcciones afrolibertarias. Editorial Poder Negro. 2015.
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