No hay reparación sin poder político

Por Última actualización: 19/12/2025

No hay reparación sin poder político: Las comunidades negras en las pugnas electorales.

 Por: Vanessa Cortez Camacho, activista afrocolombiana.

Cada ciclo electoral nos devuelve una pregunta inevitable: ¿para qué sirven las curules afrodescendientes si no representan la lucha histórica de las comunidades negras? La respuesta, aunque incómoda, es urgente: el voto no ha estado dialogando con el Movimiento Social Afro, con las organizaciones étnico-territoriales, con los colectivos afro-universitarios ni con el activismo político-crítico que, por décadas, ha sostenido las banderas de dignidad, territorio, educación, justicia racial y reparación.

En esta nueva contienda, reaparece un patrón peligroso: candidaturas sin arraigo comunitario, inscritas a través de organizaciones débiles o inexistentes ante el Ministerio del Interior, desconectadas de los procesos de base. Se repite, así, el divorcio profundo entre quienes aspiran a representar y quienes cargan sobre sus hombros la construcción histórica del movimiento afro en Colombia.

Fanon advirtió que el sistema fabrica máscaras más rápido de lo que las comunidades pueden desmontarlas. Hoy, en la circunscripción especial afro, esas máscaras se ven con nitidez: discursos de representatividad sin representación, presencias sin proyecto, cuotas sin conciencia.

De allí la urgencia de este texto: invitar al votante afrodescendiente al ejercicio electoral lúcido, que no se deje seducir por la estética de la melanina, sino por la ética del compromiso político.

La Melanina No Garantiza Conciencia Política

Una de las trampas más comunes en la política afro es creer que “la piel habla sola”. Pero la melanina no interpreta la historia. La melanina no garantiza territorio. La melanina no certifica coherencia ni compromiso.

Tener piel oscura no asegura conciencia, pero tener la piel más clara tampoco excluye el arraigo. La representatividad real surge de otro lugar: del trabajo interno, la experiencia, la trayectoria, la formación política, la entrega comunitaria y la capacidad de debatir y disputar poder con claridad y coherencia.

 La Urgencia de la Formación Política Afro

Dentro del movimiento afrodescendiente, la política electoral ha sido tratada demasiadas veces como un territorio ajeno o incómodo. Esa omisión tiene costos: cuando no hay formación política, otros ocupan los espacios; cuando no hay pedagogía electoral, otros hacen la transacción de la representación; cuando no hay claridad ideológica, las comunidades pierden voz, agenda y presencia real en el Estado.

La alfabetización política debe dejar de ser una tarea secundaria. Debe ser una prioridad. No podemos seguir formando jóvenes brillantes en identidad, arte, territorio y liderazgo, pero sin herramientas para disputar el Estado.

En los Últimos Cuatro Años: ¿Quiénes Llegaron a las Curules Afro y Qué Representaron?

En los últimos cuatro años, donde se evidenció la desconexión total entre las curules afrodescendientes y los procesos comunitarios que deberían sustentarlas.

Durante este periodo, las dos curules fueron ocupadas por figuras que, aunque afrodescendientes, no provenían del Movimiento Social Afro ni de organizaciones étnico-territoriales consolidadas. Su llegada no respondió a una trayectoria de defensa del territorio ni a un trabajo comunitario sostenido.

En estos cuatro años, las curules tuvieron ocupantes, pero no tuvieron proyecto. Una representación sin arraigo, sin continuidad histórica y sin vocación de revitalizar un movimiento.

 Mujeres Negras: Representación, No Instrumentalización

La lucha por la representación afro no puede existir sin las mujeres negras. No como símbolo, no como cuota, no como adorno institucional: como proyecto político vivo.

Pero su presencia debe estar blindada contra la instrumentalización. Las mujeres negras no pueden seguir siendo llamadas solo para suavizar discursos, completar fotos o legitimar agendas ajenas. Su liderazgo debe estar al centro de un proyecto coherente, con arraigo territorial, claridad ideológica y capacidad real de disputar poder.

A la vez, debe haber corresponsabilidad por parte de ellas mismas: corresponsabilidad con la formación política, con el trabajo comunitario, con la identidad territorial y con el ejercicio del poder más allá del acto de ser elegidas. Porque el liderazgo negro —especialmente el de las mujeres— no es un evento: es un trabajo político de largo aliento.

No hay reparación sin poder

No hay reparación si no hay poder; no es representación si no hay proyecto; no es equidad si no hay autonomía; no es liderazgo si no hay disputa real por transformar lo que históricamente nos ha sido negado.

Somos la grieta que agranda el mundo

De ríos que resisten, de cuerpos que sostienen, de mujeres que abren camino y de jóvenes que no aceptan migajas, se hace un pueblo que ya no cabe en la esquina que le asignaron. Somos memoria larga, palabra profunda, justicia aplazada.

Ahora volvemos a la escena política no como símbolo, sino como grieta. Grieta que incomoda. Grieta que revela. Grieta que agranda el mundo para que quepa la vida negra en plenitud.

Las curules no nos definen; somos nosotros quienes definiremos lo que significan. Y si la historia exige un gesto, aquí está el nuestro:

Venimos a disputar el poder.

Venimos a corregir la representación.

Venimos a recuperar el proyecto político afrodescendiente.

Y no venimos solxs.

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