¡Ni porque estuviera Loco! Enfermedades de Salud Mental en la Comunidad Afrocolombiana

Por: Diana Lorena Montaño Riasco

“Ni porque estuviera Loco” cuántas veces no has usado esa expresión para reafirmar que no requieres terapia, ni consejos y que lo que estas contando aconteció tal y como lo has narrado. Sé que han sido un montón de ocasiones, en los que los sonidos de esa frase han salido de tu boca, bien sea, como un sarcasmo, un enfado o una ironía. Personalmente, la he escuchado de los labios de muchas personas de la comunidad afrocolombiana: ¡Ve, este niñx, ni que estuviera loco! Sobre todo, se sabe pronunciar como respuesta, a gran velocidad, cuando se recomienda ir a terapia con el psicólogo, y es que muchos aún consideran que el soporte psicológico sólo es para quienes han perdido la noción de la realidad y están fuera de sí. Pero, ¿se han preguntado sí sólo en esos casos extremos requerimos atención psicológica? ¿Es necesario estar en el punto de caer del borde de un abismo para buscar ayuda? Mejor dicho, ¿Cómo es que terminamos llegando al borde del barranco sin percatarnos de que la ayuda psiquiátrica o psicológica es imperante en nuestras vidas? 

Los abismos saben comenzarse a dibujar antes de que los logremos percibir con nuestra mirada, y los precipicios esperando tragarse a las personas negras han sido diseñados desde tiempos coloniales a través del sistema de la esclavitud, el cual ha sido sostenido por ese régimen de privilegios sustentado en la raza, el racismo. Este despeñadero ha sido trazado hace varios siglos, mutando según los contextos, con el propósito determinante de generar experiencias angustiantes a las personas negras, que afecten su bienestar emocional, y una vez, logrado eso, se perturba su salud mental. ¿cómo reconocer que una persona de nuestra comunidad puede estar atravesando una situación que altera su salud mental? Inicialmente, precisando que los síntomas de angustia emocional van desde, tristeza, desesperanza, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, aislamiento de amistades y familiares hasta sentir que todo lo que se logra o se hace implica un gran esfuerzo. De modo que, no se requiere entrar en un estado de alucinaciones y usos de un lenguaje extraño para considerar visitar a un psicólogo.

En el 2019 en Colombia se determinó como el “40 por ciento de la población del país sufrirá de un trastorno mental, Además, según comprobó la investigación, los indígenas y los afrodescendientes son los más afectados”[i] frente a lo que hay que tener presente, que los riesgos son mayores para estas comunidades, quienes viven situaciones traumáticas a razón del racismo, la discriminación racial, la inequidad social y económica, y el desplazamiento forzado. Solamente, durante el 2017, se registraron 977 intentos de suicidios en la comunidad Raizal, Afrocolombiana y Palenquera; y 588 para la indígena[ii], lo cual contrario a lo que consideramos no es consecuencia de una debilidad personal o un defecto moral, sino la imposibilidad de lidiar individualmente con situaciones, pensamientos y comportamientos de la sociedad en la que nos desenvolvemos. Así las cosas, la enfermedad mental de cualquier persona, es el reflejo de nuestros padecimientos sociales. Tal y como, invoca el proverbio africano: “se necesita una aldea para criar a un niño”.  Es decir, se adolece de una sociedad sana para garantizar una salud mental adecuada a sus ciudadanxs, y con ello, se entiende como aquellas sociedades, que aún, se alimentan de estructuras de opresión como: el racismo, el capitalismo, la heteronormatividad y el patriarcado están tan quebrantadas, lo que las hace incapaces de detener la creación de experiencias de inquietud y zozobra para su población.

En el 2018 Colombia aprobó la resolución 4886, adoptando la Política Nacional del Salud Mental, y con ello, reconoció las enfermedades de salud mental como un problema de salud pública; evidenciando como las experiencias angustiantes desde el enfoque de género indican que el mayor riesgo de depresión, ansiedad y conductas suicidas se presenta en mujeres, y personas LGBT”[iii] a quienes se les suma el factor de riesgo del consumo de sustancias psicoactivas[iv] debido a las situaciones de discriminación que viven cotidianamente.  Asimismo, desde el enfoque diferencial poblacional y territorial, se muestra que en la región Pacífico desde el 2015 se da una mayor frecuencia de aparición de problemas y trastornos mentales.

Definitivamente, quienes están mas próximos a caer al precipicio de las enfermedades mentales tienen un rostro en Colombia; e irrefutablemente en el mundo, tal y como lo comprobó el hallazgo publicado en la revista ‘’JAMA Psychiatry’’, el cual revela que los “ hombres jóvenes, quienes pertenecen a una minoría étnica o viven en áreas socioeconómicas más desfavorecidas tienen más riesgo de sufrir un episodio de psicosis, considerado la primera manifestación de varios trastornos mentales graves como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión[v]. Sin embargo, la solución a esta problemática implica intervenir los factores de riesgo que potencian los problemas mentales en estas comunidades para disminuir su incidencia. Pero, está la sociedad colombiana preparada para intervenir el ¿Racismo, patriarcado, capitalismo y la heteronormatividad obligatoria? No lo sé, pero lo único cierto es que debe preparase para estarlo, o nuestras generaciones presentes continuaran pagando con su bienestar mental.

[i] https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/salud-mental-en-colombia-el-plan-del-ministerio-de-salud-para-combatir-el-suicidio-y-la-depresion/615808/

[ii] https://www.minsalud.gov.co/Normatividad_Nuevo/Resolución No. 4886 de 2018.pdf

[iii] https://www.minsalud.gov.co/Normatividad_Nuevo/Resolución No. 4886 de 2018.pdf

[iv] En Colombia se  precisa el consumo de sustancias psicoactivas como un factor que hace parte de una enfermedad de Salud Mental

[v] https://www.infosalus.com/asistencia/noticia-identifican-grupos-mas-vulnerables-sufrir-episodio-psicosis-20180305142042.html

Sobre el autor

Con ascendencia guapireña, nacida en Bogotá. Estudió en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, graduándose como Licenciada en Lengua Castellana y Humanidades. fue becaria del programa de inglés Martin Luther King Junior. Desde el 2004 comenzó su camino como activista en el movimiento afrocolombiano en el Colectivo de Estudiantes Universitarios Afrocolombianos (CEUNA). La apuesta de construcción colectiva desde fraternidad y la espiritualidad, son un lugar de enunciación en su vida. Por lo que, actualmente, se nutre compartiendo reflexiones, con otras hermanas, sobre la fuerza vital en la creación y transformación de las opresiones de las mujeres negras dentro del espacio de Colectiva Matamba Acción Afrodiaspórica; apoya la “ Escuela Yemayá” proceso emancipador que se adelantan en Bogotá con la fundación CISPAC, enseñándoles sobre la historia de África y su diáspora en Colombia a niñas, niños y jóvenes afrocolombianas; y, también se sostiene cada día de su existencia por la presencia y comunicación con sus ancestras y ancestros a través del escenario espiritual “Templo Sobrevivientes de África”.
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