Luchar contra la desesperanza

Por Última actualización: 23/09/2026

Hay una cifra de la que poco se habla y que, año tras año, sigue creciendo sin que la sociedad parezca reaccionar con la suficiente contundencia. En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el Instituto Nacional de Salud presentó cifras que deberían encender todas las alarmas: en lo corrido del año, Colombia registra cerca de 24.000 intentos de suicidio, una cifra que representa un aumento frente al año anterior. Más preocupante aún, durante el primer semestre de 2026 se registraron 1.326 suicidios, es decir, más de siete vidas perdidas cada día.

Lo más preocupante es que esta realidad está alcanzando cada vez más a personas jóvenes. Los menores de 25 años se encuentran entre los grupos más afectados. En las últimas semanas, tres estudiantes de secundaria se suicidaron en un municipio cercano a Medellín. No se trata solamente de una tragedia individual o familiar: la salud mental de los adolescentes parece seguir siendo un asunto insuficientemente atendido por las instituciones responsables de garantizar sus derechos. No parece existir una respuesta articulada y oportuna frente a situaciones de estrés, confusión, miedo e incertidumbre que, en muchos casos, pueden verse intensificadas por las dinámicas de las redes sociales.

Las cifras sobre salud mental en Colombia deberían encender las alarmas de la sociedad en general. Los estudios realizados sobre esta problemática advierten sobre la magnitud de los trastornos mentales y evidencian que no estamos frente a un asunto de poca monta, sino ante una realidad que atraviesa a buena parte de la población. Entre los trastornos identificados con mayor frecuencia se encuentran los de ansiedad y del estado de ánimo, así como los relacionados con el consumo de sustancias psicoactivas. También están la depresión, el trastorno bipolar, la demencia y la esquizofrenia. Detrás de cada una de estas categorías hay personas, familias y proyectos de vida que requieren atención oportuna, acompañamiento y una respuesta institucional.

Todo lo anterior se agudiza en un país como el nuestro, marcado por altos niveles de violencia, desempleo, inseguridad, empobrecimiento y, en general, por una creciente sensación de desesperanza. En un panorama tan sombrío, necesitamos ampliar la capacidad de la sociedad para comprender, acompañar y atender a las personas y colectivos que enfrentan situaciones de sufrimiento emocional, antes de que la desesperanza termine convirtiéndose en una tragedia generalizada.

Sobre el Autor: John Jairo Blandón Mena

John Jairo Blandón Mena