Reflexiones para encontrar nuestro sur

21 de agosto de 2021

 

Diana Lorena Montaño Riasco

 

Los recuerdos son como los suvenires del pasado ofrecidos a nuestra existencia justo cuando el olvido está por carcomer nuestra memoria. ¿Qué haríamos sin esos preciados regalos del tiempo acaecido? Me temo que, perderíamos el SUR, aunque quizás hace rato nos alejamos de este por estar buscando con tanto afán el Norte. Me inquieta saberme tan lejana del camino prometido cargado de memoria para mí, para los míos, para mí ascendencia. ¿En qué momento nos confundimos pensando en el Norte como la tierra fértil para sembrar nuestros sueños y luego cosecharlos como frutos llenos de respuestas, progresos y cambios? Hemos vivido tan aturdidxs por más de cuatro siglos, que ni la escasez, la perdida de derechos fundamentales, las masacres, los desplazamientos forzados, las ineficacias de nuestro sistema judicial, las brechas para el acceso a la educación, al agua potable, a la electricidad, entre una lista penosamente casi interminable, han conseguido detener nuestra procesión física y mental hacia el Norte.

Anualmente millones de personas se lanzan a la búsqueda por encontrar su Norte, para el 2017 fueron 258 millones, en el 2019 la cifra incremento a 272 millones de personas migrantes, el 30% se refugian en Europa[i]. Un Norte alcanzado, para la gran mayoría, como posibilidad de diseminar y ver florecer sus sueños.  A pesar de que no deja de ser más que “una tierra mala”[ii] en la que no se puede sembrar. En tanto que, es una tierra absorta en sí misma, incapaz de permitir dar vida a un nuevo fruto, a menos que esa sea su voluntad.  En una entrevista dada por Akon en el foro de economía mundial a propósito de su proyecto lanzado en el 2014 para llevar energía Solar a países del África sub-sahariana, expresó que los obstáculos con los que se enfrenta son “muchos países en África no controlan su gobierno, aunque tengan todos los recursos para hacerlo, no tienen autonomía para decidir sobre estos. Dado que, están controlados por países occidentales, que no les permiten tomar sus propias decisiones para beneficiar a su gente”.  Occidente, es sin lugar a duda, un lugar menos optimo para soñar con realizarse personal y colectivamente, sin embargo, parece no haber otra elección, en tanto hasta nuestras esperanzas han sido gentrificadas por el Norte Global. ¿Si la Esperanza de un futuro mejor no está en Europa o Norte América, entonces dónde?

Me atrevo a sugerir que, en el encontrar nuestro Sur estarían gran parte de nuestras respuestas. Por lo que, alcanzarlo implica entender de dónde venimos y los retos que hemos afrontado, y con ello redireccionar como puede manifestarse nuestro futuro. En esa búsqueda se identificarán otras rutas posibles para solucionar las realidades sociales que nos aquejan, para derrocar a los gobiernos que nos oprimen, para recuperar los derechos que nos arrebatan. Sin embargo, esa indagación debe hacerse en un espacio que se haya visto convulsionado por las similares realidades, y no que hayan jugado un rol de financiadores, saqueadores, colonizadores, expropiadores, tal y cual como es el caso europeo. Navegar en las realidades africanas, asiáticas, centro y latino- americanas puede proveernos una fuente innovadora e inagotable para transformar nuestras sociedades actuales, muchas en decadencia.

En los ultimas semanas he quedado anonadada al enterarme de que, Marruecos un país africano, cuenta con la planta de energía solar más extensa del mundo, ubicada en el desierto del Sahara, la cual abastece en la actualidad a más de dos millones de personas. Por lo que, se proyecta en nueve años – 2030 – Marruecos proveerá al 52% de la población de energía solar y negocie con otros países del mundo la venta de este recurso renovable. Así mismo, es valioso recordar que, AKON en el 2014 inicio su proyecto Akon Lighthing África (ALA) para brindar energía solar a distintos países del continente africano, a la fecha se han beneficiado 18 países y se han generado más de 5000 empleos directos. Es así, como África desde estas apuestas se ha convertido en una potencia en la energía renovable. En este orden de ideas, en la India, la ciudad de Kelahara da cuenta de cómo un modelo social de desarrollo puede incrementar los niveles de alfabetizaciones, los ingresos de los trabajadores, el acceso a educación y la vida política de sus habitantes, convirtiéndose en una guía a seguir para muchos países que atraviesan con realidades altas de inequidad. 

Tanto el continente africano como el país de la India ubicado en el continente asiático, definitivamente, nos acercan a cómo hallar nuestro SUR, y esto es esplendido, dado que, en ese desfile convulsionado en busca del norte, nuestro espíritu se ha resistido a seguir tan agonica procesión, insistiendo en trazar nuestra brújula hacia el Sur a través de exclusivas oportunidades que se nos presentan, y estoy convencida de que el recuerdo es una de ellas. Es el regalo de nuestro espíritu para que podamos mirar al pasado y recuperar nuestro Sur.

[i] https://www.un.org/es/global-issues/migration  [datos recogidos del Portal de Datos Mundiales sobre la Migración].

[ii] Esta frase es  tomada de la canción “Tierra Mala” de los Chiches del Vallenato

Sobre el autor

Con ascendencia guapireña, nacida en Bogotá. Estudió en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, graduándose como Licenciada en Lengua Castellana y Humanidades. fue becaria del programa de inglés Martin Luther King Junior. Desde el 2004 comenzó su camino como activista en el movimiento afrocolombiano en el Colectivo de Estudiantes Universitarios Afrocolombianos (CEUNA). La apuesta de construcción colectiva desde fraternidad y la espiritualidad, son un lugar de enunciación en su vida. Por lo que, actualmente, se nutre compartiendo reflexiones, con otras hermanas, sobre la fuerza vital en la creación y transformación de las opresiones de las mujeres negras dentro del espacio de Colectiva Matamba Acción Afrodiaspórica; apoya la “ Escuela Yemayá” proceso emancipador que se adelantan en Bogotá con la fundación CISPAC, enseñándoles sobre la historia de África y su diáspora en Colombia a niñas, niños y jóvenes afrocolombianas; y, también se sostiene cada día de su existencia por la presencia y comunicación con sus ancestras y ancestros a través del escenario espiritual “Templo Sobrevivientes de África”.
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