El venenoso glifosato

Por: John Jairo Blandón Mena

Se apresta el Gobierno Duque a retomar las fumigaciones con glifosato suspendidas en el país desde 2015 por orden del Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE), que adoptó esa decisión por petición del ministro de Salud de la época, quien argumentó su súplica en la aplicación del principio de precaución, por cuenta de los sucesivos informes de la Organización Mundial de la Salud que indican que el glifosato tiene efectos cancerígenos. Casualmente, en la votación 7 a 1 en el CNE, el único voto en contra de la suspensión de las aspersiones del pesticida fue el del entonces Procurador General, Alejandro Ordoñez, quien manifestó que esa medida haría que Colombia “nadara en coca”.

Sin duda, el país ha nadado en coca, pero no por haber dejado de asperjar hace cinco años, Colombia desde hace unas cuatro décadas que se convirtió en el epicentro del negocio del tráfico ilegal de cocaína, ha tenido la producción de alrededor del 70% del alcaloide que se consume en el mundo. Informes presentados por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en el 2017 y 2018, referencian que ha habido un aumento acelerado del número de consumidores de cocaína, especialmente en Estados Unidos y Europa, mercados con una tasa de consumo del 2,1% y el 1,4% respectivamente, lo que suma alrededor de unos 19 millones de seres humanos. En esa misma línea; Australia, Nueva Zelanda y América del Sur vienen presentando incrementos notables en sus promedios de consumo, lo que ha aumentado las toneladas de cocaína de alta pureza producidas, que eran 1.143 en el 2008 y pasaron a 2.000 en 2019 (siendo Colombia el productor del alrededor del 70%).

El asunto medular radica en ese principio básico de la economía de mercado que es la ley de la oferta y la demanda. Mientras haya demanda habrá producción, y ésta última crecerá en la medida en que aumente el número de consumidores. Y en ese entendido, el narcotráfico se reinventa para satisfacer las demandas del mercado; es así, como en los últimos años debido al control de las rutas por el Caribe por parte de Estados Unidos, los carteles mexicanos establecieron rutas marítimas por el Pacifico saliendo desde Colombia y por tierra atravesando Centroamérica.

La aspersión con glifosato no ha sido efectiva en Colombia; sí bien, el Consejo Nacional de Estupefacientes desde el 4 de julio de 1984 autorizó la fumigación masiva de cultivos de uso ilícito en el país, fue en el periodo de 2001 al 2014, que en el marco del Plan Colombia se asperjaron 1.6 millones de hectáreas, pero paradójicamente, en ese lapso no hubo reducción de los cultivos de cocaína. Eso lo corroboró ante la Corte Constitucional el expresidente Juan Manuel Santos, quien afirmó que 2006 y 2007 fueron los años de mayor aspersión en la historia de Colombia, a 325.000 hectáreas les llovió el pesticida esos dos años, sin embargo, la producción cocalera aumentó principalmente por factores como el de la resiembra, que llegó en esos dos años al 60%, multiplicando el área cultivada y extendiéndola a otros lugares de la geográfica no focalizados por la acción antinarcóticos. Y agregó el exmandatario –y así lo creo yo-, que parte de la solución a nivel local, estaría en la sustitución voluntaria con un fuerte programa de reemplazo por otros cultivos y condiciones estatales que garanticen un ingreso y protección al campesino; en lo poco que se avanzó en este escenario (antes que Duque pulverizara la implementación de los Acuerdos) los niveles de resiembra de hoja de coca solo fueron del 0,6%.

Sin embargo; el objetivo de esta columna, y así se desprende de su título, es enfatizar en los efectos nefastos e irreparables del glifosato a todas las formas de vida y a los ecosistemas. Un estudio titulado “Antología Toxicológica del Glifosato +1000” que recopila más de mil artículos científicos sobre los efectos del pesticida, y que fue editado por la ONG argentina Naturaleza de Derechos, concluye de manera contundente que el glifosato es generador de cáncer, malformaciones, encefalopatía, autismo y Parkinson; de igual manera, propicia una afectación a los sistemas reproductivo, inmunitario, digestivo, nervioso, renal y cardiovascular. La investigación revela también el impacto del agrotóxico en peces, aves y mamíferos. El químico puede permanecer largos periodos de tiempo en el aire y recorrer extensas distancias siendo lesivo para el aire, las fuentes hídricas y los suelos.

Igualmente, para Colombia se han hecho varias indagaciones, la Agencia de Estudios Contra el Cáncer realizó una indagación en 17 países incluyendo el nuestro, en donde demostró que hay una relación directa entre el glifosato y algunos tipos de cáncer; y que efectivamente, este pesticida representa un problema de salud pública. En esa misma línea, el eminente profesor estadounidense Christopher Portier, especialista en estudios sobre cáncer, y que el año pasado estuvo en audiencia pública en la Corte Constitucional demostró que hay una relación entre el glifosato y la aparición del linfoma non Hodgkin. 

Finalmente, la multinacional alemana Bayern dueña de Monsanto, productora del glifosato ha pagado varios miles de millones de dólares a consecuencia de condenas judiciales por afectaciones de su producto estrella en Estados Unidos. Entre ellas, una por 290 millones en favor de Dewayne Johnson, un jardinero californiano con cáncer terminal que demostró que el herbicida le causó la enfermedad. Hoy, cursan más de 5.000 procesos en contra de la transnacional por hechos similares.  Entretanto, Duque ya anunció que su Gobierno presentará en las próximas semanas los protocolos para la aspersión con glifosato, requisito que puso la Corte Constitucional para la reanudación de las fumigaciones. Y antes de acabar el año, se materializará lo que es un sueño del presidente, y que el año pasado expresó el ideólogo del Uribismo Fernando Londoño Hoyos “que llueva glifosato en los campos de Colombia”.

*Foto: Archivo Semana

Sobre el autor

Abogado de la Universidad Católica Luis Amigó. Especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Autónoma Latinoamericana. Especialista en Métodos de Enseñanza Virtual de la Universidad Católica del Norte. Especialista en Estudios Afrolatinoamericanos y Caribeños de Clacso. Magíster en Educación del Tecnológico de Monterrey. Y actualmente Candidato a Doctor en Educación de la Universidad Católica Luis Amigó. Se ha desempeñado como docente universitario. Coordinador del Equipo de Trabajo de Medellín en el Proceso de Comunidades Negras (PCN). Coautor de libro: Debates sobre conflictos raciales y construcciones afrolibertarias. Editorial Poder Negro. 2015.
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