Las identidades como show
17 de agosto de 2025
Por: John Henry Arboleda Quiñonez
Cali está de fiesta y lo negro vuelve al centro, lo negro, expresado en esa suerte de identidades subsidiarias garantizadas por la música y el ruido que solo se permite en la caleñidad cinco días.
La ropa y sus coloridos cuya estridencia cotidiana es aplazada por estos cinco días, como si se tratara de un “Halloween para negros”, puesto que el resto del año el tono gris, opera y el recatado del vestir determina el ingreso o exclusión de la caleñidad. La comida expresada en las cocinas tradicionales se toman una ciudad qué durante el resto del año repite lista entre la suciedad y el peligro de alimentarse como en el pacífico. El exceso de sal, grasas, harinas, condimentos y más menjurjes propios de esta culinaria, abandonan su lugar de sospecha en la salud para dar paso al exotismo de los sabores negros para paladares blancos.
El jolgorio, la algarabía y la montonera recurrentemente castigada y perseguida estos cinco días es permitida. Este fin de semana no veremos los extremos operativos policiales codificando expresiones de felicidad en los bares y establecimientos públicos de oriente, donde nos damos cita cada domingo. Es permitido ser, hacer, pertenecer y demostrar tu afrodescendencia o tu negritud. Durante esta semana Cali acepta al pacífico y su gente.
Este cuadro raptado y permitido de la afrodescendencia o la negritud en Cali abre espacios para débitos, posicionamientos y alinderamientos qué ponen en el centro las preguntas por las identidades y además profundiza la reflexión sobre la aceptación del uso de las identidades como show, en tanto no cuestionen las urdimbres del poder, la representación de lo hegemónico, ni habiliten circuitos de otros pensamientos que las ubiquen como motor de enunciaciones incómodas.
El Petronio intenta cual capitán de bomberos ahogar las llamas del racismo cotidiano, el empobrecimiento histórico y la exclusión sistemática, cambiandolo por exotismo radical, canibalismo cultural y etnicismo festivo light, que exhibe lo que se permite, cercano a la complejidad de existir y tratar de no sucumbir al hecho de seguir siendo afrocolombianx con posturas disonantes de aquellas asentidas por la caleñidad hegemónica.
Feria de turbantes, alienación de veladas “tradicionales – ancestrales”, sonoridades, cuestionadoras adicciones inaudibles, corporidades “amenazantes” y movilidades urbanas transitorias son permitidas momentáneamente, el hostigamiento, los borramientos y los intentos de desconocer nuestra existencia son aplazados hasta nueva orden, como señal que debemos alistar el fortalecimiento de nuestros corazones para continuar en la lucha de seguir poblando esta ciudad y este mundo siendo universalmente negros.

