La Comisión de la Verdad, las universidades y el conflicto

17 de septiembre de 2021

Por: Aiden Salgado Cassiani[i]                                                           

 

La verdad es necesaria para resolver muchas dudas en el marco del conflicto, también para sanar y cerrar heridas abiertas en el marco de la guerra que vivió y vive nuestro país. El caso de las universidades de Colombia es un ejemplo de esos escenarios en donde es necesario conocer lo sucedido frente al tema de la violencia y sus impactos sobre los miembros de la comunidad universitaria y los procesos organizativos. En este caso me refiero al alma mater donde empecé a estudiar contaduría en 1998:  la Universidad del Atlántico en Barranquilla, otrora la principal Universidad del Caribe. En ella nuestra organización estudiantil Alma Mater se constituyó en actor principal en defensa de sus recursos, su autonomía, su academia, y su democratización, lo que llevó a que miembros de nuestra organización estudiantil y de la comunidad universitaria fueran asesinados, desplazados, exiliados, perseguidos, y torturados. Lo vivido nos marcó la vida para siempre, así como a nuestros familiares y a todos los que militamos de corazón en esa organización contra la que se ensañó el paramilitarismo.

Hace unos días la Comisión de la Verdad, órgano creado en el marco del acuerdo de paz firmado entre el gobierno del presidente Santos y la guerrilla de la FARC-EP, realizó un evento en la ciudad de Bucaramanga de nombre el Conflicto Armado en las Universidades: Generación que no se Rinde, donde estuvieron representantes de diferentes universidades. Por la Universidad del Atlántico estuvo en representación de nuestra de Alma Mater Darío Vásquez Padilla, uno de los sobrevivientes. En ese evento, Darío hizo los reclamos que hemos realizado por más de dos décadas: necesitamos saber por que nos asesinaron, desplazaron, exiliaron y persiguieron de forma diferencial a los miembros de la organización estudiantil alma mater;  es urgente saber quién colocó la bomba en nuestra sede estudiantil ubicada en la Universidad y con la que se asesinó a nuestros amigos y hermanos José Luis Martínez Castro y Adolfo Altamar Lara; necesitamos saber quién ordenó los asesinatos de Reynaldo Serna y Humberto Contreras. Pese a que existen declaraciones de los autores materiales, nos interesa conocer quién dio la orden y por qué.  Las autoridades siguen sin decirnos quienes eran las personas que al interior de la universidad suministraban las listas con nuestros nombres.

Nuestra labor en la universidad nos llevó a realizar denuncias en contra de la administración de la Universidad por los actos de corrupción que allí se realizaban y que eran acolitados por la elite de la ciudad de Barranquilla que convirtieron los recursos de la universidad en una caja menor para satisfacer sus necesidades.

Creemos que esta fue una de las razones por la que trataron de silenciarnos. Es bueno conocer quien o quienes se beneficiaron de esos asesinatos, desplazamientos y persecuciones que se llevaron a cabo durante la administración de Ubaldo Enrique Meza y quien debería brindar su testimonio ante la Comisión de la Verdad. También es importante que los autores materiales que ya han confesado su autoría sigan aportando los nombres de sus aliados al interior de la Universidad mas allá del trabajador infiltrado Carlos Palma. Esa verdad es necesaria para limpiar el nombre de nuestros hermanos y amigos que fueron señalados de ser guerrilleros por las autoridades de la ciudad, en ese momento mancillando sus nombres, vilipendiando sus apellidos todo ello con el dedo acusador de los medios de comunicación de Barranquilla.

Las acusaciones de ser miembros de la insurgencia fueron una excusa para que nos declararan objetivo militar, cuando nuestro único pecado fue el tener una voz crítica en la ciudad de Barranquilla y como siempre lo dijimos, sí se tienen pruebas de que éramos insurgentes que nos apliquen las leyes del Estado social de derecho para así nosotros defendernos con nuestras únicas armas, las ideas, nuestras opiniones, nuestro libros y  libretas  esas siempre fueron y serán  nuestras armas, y como tal siempre las usamos y hoy seguimos haciéndolo luchando en los lugares donde no encontramos por una Colombia justa libre y soberana, seguimos en esa tarea sin claudicar a los interés de los que tienen el poder y han hecho uso de la violencia para sostener sus privilegios, nosotros seguimos haciendo tributo a la canción el Necio del cantautor cubano Silvio Rodríguez, esa canción se convirtió en nuestro himno viviendo en nosotros.

Algunos académicos que estudiaron en esta universidad, que fueron activistas estudiantiles, que tiraron piedra como mecanismo de protesta ante lo que se vivía en la universidad, hoy se atreven a homologar el accionar paramilitar al interior de la universidad con asesinatos, desplazamientos, exilio, persecución, con la presencia insurgente en el campus, diciendo que la verdad de la guerrilla no se ha contado. Si tener un pensamiento crítico y tener ideales de izquierda es razón para ser acusado como miembro de la insurgencia, creo que esos análisis son de académicos de derecha. No es malo ser académico de derecha lo malo es querer posar de académico critico de izquierda, para ganar algunas admiraciones. Creo que el ejemplo que nos mostró las protesta por invitación a académicos ‘’neutrales’’ a la feria del libro en España es claro. No se puede ser neutral en una situación social como la que se vivió en las universidades queriendo equiparar las acciones de unos que asesinaron, desplazaron, torturaron y exiliaron, con la supuesta infiltración de la guerrilla. ¡Eso es un exabrupto!

Hoy creemos que la verdad de lo sucedido en la Universidad del Atlántico debe ser conocida por todos y todas, y no solo los hechos victimizantes contra la organización Alma Mater sino contra el conjunto de la comunidad universitaria. El hecho de declarar a la universidad como sujeto de reparación colectiva por la unidad de víctima es un avance, pero debemos ir mas allá, incluso el caso de las universidades debería llegar a la JEP, ya que la justicia ordinaria ha actuado como la canción de la cantante barranquillera Shakira: ciega, sorda y muda. Son más de 20 años clamando verdad, justicia y reparación para las víctimas y sobrevivientes de la Universidad del Atlántico.

Desde el Palenque un Cimarrón todavía.

[i] Cimarrón- Activista-Palenquero. Miembro del  CONAFRO,  del  CEUNA. kombilesa. CENPAZ-  Activista.  Email salgadocaiden@gmail.comlatrombosis@hotmail.com

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Olga Lucía Alegría

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