Zapatero a tus zapatos

29 de septiembre de 2022

 

 

Por: Arleison Arcos Rivas

 

La prueba escrita del concurso de méritos para ingreso a la carrera docente adelantado el domingo 25 de septiembre ha generado toda clase de reacciones y comentarios entre quienes se declaran contentos, asombrados, estupefactos y hasta decepcionados por presentar un examen fundamentalmente concentrado en la resolución de casos que remiten a las habilidades docentes para asumir posturas de liderazgo en la escuela y tramitar creativamente situaciones conflictivas.

Si bien muchos inscritos no se presentaron, más de 378.000 aspirantes tomaron la prueba con la que aspiran continuar en el proceso de selección como docentes o directivos en instituciones educativas que reportaron cerca de 24.000 plazas urbanas y 14.000 rurales. Vale decir que no fueron examinados quienes aspiran a ingresar como etnoeducadores.

Aunque faltan datos consolidados, por lo visto en las diferentes sedes donde se presentó la prueba, un alto número de profesionales de edades medias esperan su incorporación al magisterio, evidenciando las tensiones manifiestas del mundo laboral productivo, afectado por la desregulación laboral. De igual manera fue evidente el cúmulo de licenciados con maestrías y doctorados a los que atrae la docencia por la depresión de los salarios en otros ámbitos profesionales y, más aún, quienes se presentaron al examen como estrategia para mejorar sus ingresos usando el concurso como estrategia de nivelación salarial ante la demora y las dificultades que se han presentado en la evaluación de ascenso y reubicación en el escalafón docente.

Aprovechando una página grupal que apoya a cerca de 60.000 miembros que se han presentado o se están presentando a concurso, solicitamos las opiniones de quienes fueron examinados. Más allá de asuntos distractores asociados a errores ortográficos y gramaticales, remisión a un paquete informático específico o el requerimiento de un mayor conocimiento de Excel. Entre muchas y muchos opinadores se destaca como “interesante que se coloque al docente frente a circunstancias reales que se le presentarán”, aunque “no se debe ver al docente como un cuidador” o únicamente como agente gubernamental responsable de resolver problemas sociales, incluso ante la ausencia del Rector o la falta de recursos para contratar profesionales asesores.

“la prueba estuvo diseñada para profesores” y “dejó por fuera a otros profesionales distintos al área de educación, así como a los licenciados que no han tenido experiencia pedagógica”. También se menciona que “quienes no conocen el debido proceso y la normatividad vigente” tuvieron dificultades para sentirse cómodos en esta ocasión. De ahí que algunos afirmen, sin fundamento, que “esta prueba estaba más diseñada para directivos”.

En las diferentes pruebas se presentaron casos que demandan de quien aspira a trabajar en el aula conocerla, entender la escuela y no sólo saber pedagogías.  “Esta prueba resultó apropiada para el contexto educativo”, requiriendo “cercanía al aula y conocimiento del contexto escolar” para “resolver situaciones de conflicto” y problemas asociados al desempeño docente. Aunque resulte sorpresivo a muchos, que las y los futuros maestros reconozcan los conflictos que se presentan en la escuela y afectan la concentración, la puesta a punto, la disposición anímica y volitiva de las y los estudiantes, así como la implementación de las políticas institucionales, es fundamental.

Si bien hubo inquietud por el hecho de que la prueba incorporó muy pocas preguntas asociadas a la disciplina específica. De hecho, una docente que se presentó para matemáticas afirmó no haber hecho muchos cálculos en papel. Sin embargo, las pruebas sí requerían estar preparado para responder con fundamento en el conocimiento disciplinar reconociendo los lineamientos curriculares y los Derechos Básicos de Aprendizaje.

Esto evidencia la discrepancia existente entre la formación de licenciados y profesionales aspirantes a vincularse al magisterio respecto de saber técnico escolar reflejado en mallas curriculares, planes de aula, inclusión educativa, Diseño Universal del Aprendizaje, Planes Individuales de Ajustes Razonables, debido proceso y protocolos de atención, entre otros, que demandan mayor liderazgo y protagonismo del docente en la escuela. 

En igual sentido parece bien intencionado que una prueba específica para maestras, maestros y directivos le haya restado importancia a los eternos y exóticos discursos pedagógicos que han servido para vender libros y llenar auditorios, pero poco han contribuido a la transformación del aula y sus interacciones. Menos aún han restituido el peso del maestro como generador de conocimiento situado; no porque las pedagogías hayan dejado de ser importantes en el proceso de cientificidad y profesionalización de la tarea educativa sino porque la docencia reclama, cada vez mayor experticia en didácticas que transformen las prácticas escolares, incluso reinventando las relaciones entre las filosofías y sociologías de la educación con las disciplinas dedicadas a la comprensión de los aprendizajes.

La prueba escrita del concurso de méritos ha dejado en evidencia que el maestro en el aula no enseña pedagogías, aunque debe aplicar principios formativos a la resolución de problemas y la generación de propuestas en el contexto escolar, reinstalándose en el papel de actor social creativo y pensante en la escuela.

Si las pedagogías, con las que se forma a quienes hacen la escuela, tiene una razón de ser en la perplejidad del creciente siglo XXI, ha de ser en el agrupamiento y densificación de categorías que decanten las prácticas, fortalezcan las didácticas, robustezcan el acompañamiento de habilidades para la vida y concreten con evidencias el afianzamiento de competencias que den cuenta de los aprendizajes de los escolares. Pedagogos dialogantes con el maestro y acompañantes en el aula, observando la escuela y escuchando a sus protagonistas, resultan urgentes para evitar, desestimular y eliminar el espíritu de investigadores y docentes universitarios dedicados al viaje turístico entre la escuela, la universidad y los productos publicables para mejorar el sitial en el escalafón universitario.

A partir de este examen, tal como ya lo insinuaba igualmente el presentado para las zonas del posconflicto, sería deseable que las universidades dedicadas a formar docentes, como licenciados o en cursos para incorporación al magisterio, tomen nota respecto de la urgente necesidad de reorientar la enseñanza académica de las disciplinas que configuran los saberes escolares para que categorías, conceptos y perspectivas respondan a los requerimientos que, en el aula, exigen a las y los maestros operar con mayor diligencia la cientificidad de las prácticas y didácticas, la maduración crítica del pensamiento, la calidad de los acompañamientos para la problematización y toma de decisiones y el reconocimiento de la capacidad del docente para provocar rupturas y transformaciones disciplinares a partir de su mayor protagonismo como facilitador y mediador experto en el aula; tal como el zapatero se aplica a sus zapatos.

Sobre el autor

Arleison Arcos Rivas. Activista afrodescendiente. Defensor de la vida, el territorio y la educación pública. Directivo, Docente e investigador social. Licenciado en Filosofía. Especialista en Políticas Públicas. Magister en Ciencia Política. Magister en Gobierno y Gestión Pública. Doctor en Educación. Cdto. en el doctorado en Ciencias Humanas y Sociales. Es autor y coautor de varios libros y artículos en torno a los estudios de la afrodescendencia. Rector de la IE Santa Fe – Cali.
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