Invasión en el Caribe
28 de diciembre de 2025
Por: Esther Girón[i]
La renovada ofensiva militar de Estados Unidos en el Caribe, bajo nuevas narrativas de seguridad, reactualiza viejas lógicas imperialistas en un contexto de disputa geopolítica global. Frente a la militarización, el saqueo y la violencia en aguas internacionales, organizaciones sociales y antirracistas de la región levantan una consigna histórica: el Caribe debe seguir siendo una zona de paz.
Desde República Dominicana.
La desesperación de Donald Trump por frenar el avance y la influencia de China en América Latina y el Caribe, ha desatado la tensión y militarización más grande en la región desde la crisis de los misiles en 1962 en Cuba en el marco de la guerra fría. Ante el declive hegemónico de Estados Unidos, Trump busca reajustar y retomar por la fuerza el espacio que ha perdido frente a China en la reconfiguración de un nuevo orden mundial multipolar.
La nueva ofensiva militar y naval en las aguas del Mar Caribe, que el escritor y político dominicano Juan Bosch nombraba “Frontera Imperial’’, utilizaba hasta hace unas semanas la narrativa de la “Guerra contra las drogas’’ para justificar la militarización, la reactivación y el establecimiento de bases militares en Puerto Rico, República Dominicana y Trinidad, así como la injerencia de la CIA sobre Venezuela y la movilización del mayor buque de guerra del mundo. Todo ello como parte de una presión psicológica y militar que ya dejó un saldo de al menos 95 muertes en el Caribe y el Pacífico oriental desde septiembre.
Sin ningún disimulo, esta semana EE UU intensificó su arremetida secuestrando un buque de petróleo en aguas venezolanas, al que le precedió un nuevo ataque armado en aguas internacionales del pacífico oriental y el cierre ilegal del espacio aéreo venezolano. Trump anunció un bloqueo marítimo total contra Venezuela, dirigido específicamente a los buques incluidos en el régimen de sanciones de Washington. El anuncio fué realizado a través de la red Truth Social, donde el mandatario acusó sin pruebas a Venezuela de “robar’’ petróleo y otros activos a Estados Unidos y amenazó con mantener el cerco naval hasta su supuesta devolución. También reiteró denuncias de narcotráfico y terrorismo, y volvió a calificar al gobierno venezolano como “régimen ilegítimo’’. Lo cierto es que quienes han robado petróleo desesperadamente ante los ojos del mundo han sido los Estados Unidos.
Trump vuelve a jugar al gendarme del mundo, aplicando tácticas clásicas del imperialismo para justificar operaciones militares, intervenciones, golpes, bloqueos y control geopolítico.
La actual escalada en el caribe es la expresión de una renovada oleada de políticas neocoloniales y extractivas en el marco de una crisis general del capitalismo que ha desplegado una forma de acumulación basada principalmente en el despojo, la destrucción de los bienes comunes y la muerte. El imperialismo ha colocado a América Latina y el Caribe como lugar de proveedor de naturaleza para el mercado mundial. Venezuela cuenta con las reservas de petróleo más grandes del mundo. El Comando Sur de los Estados Unidos insiste públicamente en la necesidad de garantizar acceso seguro a minerales críticos en la región. En 2024 Laura Richardson, jefa del Comando Sur, afirmaba que controlar el litio chileno era una prioridad en la política de seguridad de los Estados Unidos. Con la victoria del representante del pinochetismo, José Antonio Kast en Chile, la última pieza del proceso extractivo que el imperio necesitaba ha caído.
Organizaciones antirracistas y coaliciones sociales y políticas de todo el hemisferio han denunciado la reactualización de la política Monroe y han advertido sobre los peligros del uso de la fuerza letal en aguas internacionales sin control judicial ni rendición de cuentas. Para ILEX-Acción Jurídica las muertes reportadas en altamar violan el derecho internacional, abren puertas a nuevas formas de violencia en la región, y amenaza directamente a las comunidades afrodescendientes que históricamente han habitado y protegido los territorios marítimos. Por otro lado, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, CLOC-Vía Campesina rechazó rotundamente una intervención militar en Venezuela y presentó un documento declarando el Caribe como Zona de Paz.
Finalmente desde la Red Feminista Binacional por la Justicia Racial en la isla de Ayití se ha denunciado en un manifiesto público, la dominación y el saqueo bajo narrativa de seguridad.
La organización condenó la complicidad del gobierno dominicano encabezado por Luis Abinader, quien sin ningún pudor se coloca ante el secretario de guerra del gran hegemón, no para pedir cuentas por los muertos de las intervenciones en República Dominicana del 1916 y 1965, sino para ayudar a invadir a otra nación hermana.
También se ha denunciado el silencio cómplice de la ONU y de ciertos líderes del Caribe, que con demasiada frecuencia olvidan que el imperialismo nunca se detiene en las fronteras, y que estamos frente a un patrón histórico de intervenciones estadounidenses que se repite y que ya nos ha mostrado el costo de la inacción. Permanecer en silencio ante una nueva intervención militar es aceptar que los pueblos afrodescendientes y caribeños sigan pagando el precio de decisiones tomadas lejos de sus realidades, en abierta violación de nuestra soberanía. A pesar de todo, los pueblos resisten y declaran al Caribe como zona de paz; exigen la derogación del acuerdo entre nuestro país y los Estados Unidos, mediante el cual nos hemos transformado en una base militar; y dicen, finalmente, no a la guerra, no a la política imperialista y no al intervencionismo. El grito histórico de antaño vuelve a surgir: ¡Yankees fuera del Caribe!
[i] Activista afrofeminista y fundadora del colectivo antirracista Aquelarre Bonao
Nota: El aporte de la autora, ya fue publicado en: Diario Página 12 – https://www.pagina12.com.ar/2025/12/22/el-caribe-zona-de-paz/

