Indígenas y afros

Por: Oscar David Montero De La Rosa[i]

Los que ponemos los Muertos en Colombia,

nuestras Vidas también Importan. 

“No descansaremos hasta qué esto pare y nos escuchen.

Qué las lágrimas y la sangre derramada

 sean nuestro aliento en la búsqueda de la Paz y la Dignidad:

Nuestras Vidas también importan”.

 

No ha cesado la horrible noche en Colombia, dormimos enterrando a nuestra gente y despertamos llorándolos y sin saber quién será el próximo o los próximos. Estamos en un Genocidio continuo y sistemático en contra de los cuerpos y los territorios étnicos en el país, y lo peor de todo en “Tiempos de Paz”. Aunque nuestros ancestros indios y negros nos siguen dando la fuerza para sobrevivir, la situación no deja de ser dramática en un país en donde todos nos MATAN.

Llegaron con la supuesta “conquista”, pero no, ese primer episodio fue el exterminio más grande contra nuestra existencia; años después desde el otro lado del océano trajeron a hermanos negros de distintos territorios de África. Pasamos de ser dueños y amos de nuestras tierras a esclavos y servidumbre de los “españoles”. Lo cierto es que sí bien aún persiste esa idea, los sobrevivientes victoriosos de esa barbarie NO estamos dispuestos a continuar cargando con esa cruz que nos ha tallado tanto nuestros rostros y rastros.

La idea colonialista está más vigente que nunca, la superioridad de unos sobre otros es la vivencia de cada día; pero lo peor y más aberrante de todo es que se mantiene el racismo y la discriminación hacia nosotros los Indígenas y Afros, está claro que somos nosotros los que ponemos los Muertos en Colombia, aunque nadie debería ponerlos. La mala muerte ronda nuestros resguardos y territorios comunitarios, esos codiciados por el Estado, las multinacionales, los actores armados y por todo el que cree en la idea que el “desarrollo” es la salvación de la economía.

Nariño, Cauca, Valle del Cauca y Chocó, siguen siendo los departamentos con los más altos niveles de vulneración a los derechos humanos y colectivos en contra de los grupos étnicos, siguen siendo lastimosamente los focos desproporcionados del conflicto armado que no acaba y que se va de frente con su maquinaria en contra de la vida y los territorios; en Nariño desde Tumaco, Barbacoas y Ricaurte en la panamericana vía al mar los paisajes espesos de la selva hoy se confunden con los múltiples asesinatos, atentados y disputas territoriales de más de 10 grupos armados. En lo que va del 2020 son más de 10 indígenas del Pueblo Awá asesinados, sigue la erradicación forzada en territorios sobre el Río Mira y peor aún la idea de la fumigación con glifosato por parte del Gobierno Nacional, organizaciones como la UNIPA- Unidad Indígena del Pueblo Awá, asociaciones de campesinos y consejos comunitarios afros han puesto frente a la situación y con bastones de chonta en mano y acciones jurídicas como acciones de tutela han podido en medio de todo suspender la sustitución de cultivos de uso ilícito con aspersión aérea con glifosato, así lo profirió un juez de la ciudad de Pasto el pasado mes de mayo. Es de resaltar que no nos oponemos a que se haga la sustitución, nos oponemos a la forma inconsulta y violenta con la que el gobierno quiere hacerlo en los territorios. Incumpliendo el derecho fundamental a la consulta y el consentimiento previo, libre e informado que tenemos como garantía los pueblos étnicos en el “Estado Social de Derecho”, ratificado por medio de la Ley 21 de 1991, ley que ratifica el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo-OIT y los estipulado en el Acuerdo Final de Paz, especialmente lo establecido en el Capítulo Étnico.

El Cauca sigue siendo noticia, y no las que uno esperaría, el desangre contra los pueblos étnicos es de siglos, no de ahora; pero con  la creación en 1971 del Consejo Regional Indígena del Cauca- CRIC, se fortaleció los principios de lucha y resistencia del movimiento indígena, estos heredados por la Cacica Gaitana, Juan Tama, Quintín Lame y por los más de centenares de indígenas asesinados y masacrados por el solo hecho de cumplir el mandado de los ancestros: liberar la Madre Tierra de la avaricia de los monocultivos, el narcotráfico, la minería ilegal y de todo lo que atente en contra del equilibrio y la armonía de la vida.

Como diría Trino Morales “liberar la tierra y no seguir pagando terraje”. Por eso nos matan, porque cuidamos, protegemos y hacemos control territorial de nuestra casa grande. Hoy un ejemplo de esta resistencia se mantiene con la llama viva de indígenas Nasas y afros en el norte del Cauca; guardia indígena y cimarrona cada día más se fortalecen y a la vez se enfrentan a las nuevas dinámicas que trae el conflicto armado, su “internacionalización” con el Cartel de Sinaloa. Ayer como hoy está lucha se mantiene y donde se derrama nuestra sangre allí sembramos y limpiamos el sucio como lo hacen los Nasas para que renazca la vida, para que siga la semilla.

En el Valle del Cauca hacia la vía al mar pasando por la Delfina hasta llegar a Buenaventura, al puerto más importante del Pacífico, pero no para el Pacífico; Emberas, Nasas y Afros mantienen también la resistencia, solo recordar el paro cívico de Buenaventura (2017) donde el Pueblo Negro se levanta y la Minga Nacional por la Vida (2019), nos dan un mensaje claro: La UNIDAD DE LOS PUEBLOS ÉTNICOS en medio de nuestra diversidad, aún en medio del dolor, la rabia y la impotencia por nuestras vidas arrebatadas como la de los 5 niños afros en Llano verde en la ciudad de Cali, a cada uno de ellos Manuel Montaño, Leyder Cárdenas, Jean Paul Perlaza, Jair Andrés Cortés y Álvaro José Caicedo. Nuestro grito de libertad y resistencia.

Finalmente, el Chocó biodiverso, la tierra de los ríos y selvas, sus hijos se resisten a desaparecer; y con cantos en embera bedea, pinturas en jagua, los alabaos y la expresión de la música urbana de la juventud afro, nos muestra y acerca a esa memoria viva de las historias y voces que han recorrido el Atrato y el San Juan.

Nuestras Vidas también importan, como la de todos los colombianos, somos los hijos de las selvas, desiertos, montañas, mares y ríos, cada vez que asesinan a uno de los nuestros se están condenando a desaparecer, somos el ADN que entretejido en sus cuerpos y sangre no podrán borrar; la lucha es de todos, no solo de los que estamos poniendo los muertos y que lastimosamente quedan registrados como un número más en las estadísticas de violencia estructural en Colombia.

¡Guardia, fuerza: por mi raza, por mi tierra!

¡El pueblo no se rinde carajo!

Consignas de lucha y resistencia del Pueblo Indígena y Afro de Colombia.

[i] Líder Indígena Kankuamo. Politólogo

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