Pauperización del debate electoral

23 de agosto de 2023

 

Por: John Jairo Blandón Mena

En los últimos días observé con atención los debates de candidatos y candidatas a las alcaldías de Bogotá y Medellín que realizaron la revista Semana y Telemedellín respectivamente. Encontré varios elementos que deberían tener a los electores pensando seriamente sobre el enrarecido destino que les espera a sus ciudades. En Bogotá, ni una mujer en el abanico de candidaturas. En Medellín, tres mujeres sin ninguna opción real de victoria entre 16 candidatos. Lo cual evidencia el patriarcado que sigue prevaleciendo en la política. Ni siquiera el Pacto Histórico, que tiene como uno de sus principales cometidos la erradicación de la hegemonía varonil en los liderazgos políticos progresistas pudo proyectar a una dama en alguna de las dos principales urbes del país.

Y aunque el género de quien va a gobernar a sus ciudades no es preocupación de los electores, si debiera ser un asunto de permanente reflexión pública la ausencia de propuestas femeninas en el debate electoral. Los partidos políticos, tanto los tradicionales como los nuevos o emergentes, se convirtieron en recicladores de personajes a los que se les convirtió un oficio ser candidato a todo como cualquier Galán, Robledo o Fico de tiempos modernos. Lo absolutamente cuestionable es que en el seno de esas colectividades impera abiertamente el machismo que no permite que mujeres con vocación y liderazgo salgan avante de las pugnas internas con hombres ungidos con cacicazgos testiculares.

Pero recalco, el problema no radica en el género, sino en la incapacidad que a juzgar por los recientes debates demuestran la mayoría de los candidatos. En el caso de Bogotá, las caricaturescas propuestas de buena parte de los aspirantes al segundo cargo más importante de la nación sucumben ante los inmensos problemas capitalinos. Desde la gratuidad total del sistema Transmilenio que propone Jorge Enrique Robledo a las propuestas de crear una primera línea armada con policías y militares retirados para darle seguridad a la ciudad. Y otros apelan a sus supuestas capacidades de manejo de la cosa pública como garantía de tranquilidad para que los ciudadanos crean sobre sus capacidades gerenciales y de gobernanza: “Yo que manejé la oficina de estadísticas del país”, “Yo que pase varias veces por el Congreso y no tengo un solo escándalo de corrupción”, “Yo que fui el comandante de la Policía Metropolitana”, “Yo que denuncié el cartel de la contratación”, “Yo que fui profesor de arquitectura durante muchos años”. Parece que sus excelsos antecedentes en uno u otro cargo estatal les da la idoneidad para manejar los destinos de más de 8 millones de personas.  La realidad, es que, ante la ausencia de propuestas serias, cada uno de ellos se escuda en sus hojas de vida, que todas se resumen en haber vivido sus largas o cortas vidas de la “teta pública”.

Y en Medellín hay 16 candidatos. El debate se hizo en dos partes, un día con los primeros ocho en las encuestas, y al siguiente con los demás. En el primero durante casi 60 minutos unos se calificaban a otros de uribistas o quinteristas; de corruptos, bandidos o pusilánimes contra la corrupción. Las propuestas frente a una ciudad con un alto nivel de desinstitucionalización y con dificultades enormes en todos los ámbitos brillaron por su ausencia. Unos en defensa y otros en contra del actual alcalde, el debate parecía ser más sobre las políticas del Plan Nacional de Desarrollo de Petro que sobre la concepción de Medellín de cada uno de ellos. El segundo día, con candidatos desconocidos, el espacio periodístico parecía ser más un debate de aspirantes a la personería de un colegio.

Y en medio de esta pauperización del debate electoral, los verdaderos afectados son los ciudadanos, que como ya se volvió paisaje en Colombia, les tocará elegir al menos malo y no al mejor. Y de antemano auguro, que ante este panorama de ausencia de propuestas serías de ciudad, el voto en blanco y el nulo crecerán de manera exponencial, por lo menos en Bogotá y en Medellín. Ojo, que, si en estas dos ciudades llueve, en Cali no escampa.

Sobre el autor

Abogado de la Universidad Católica Luis Amigó. Especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Autónoma Latinoamericana. Especialista en Métodos de Enseñanza Virtual de la Universidad Católica del Norte. Especialista en Estudios Afrolatinoamericanos y Caribeños de Clacso. Magíster en Educación del Tecnológico de Monterrey. Y actualmente Candidato a Doctor en Educación de la Universidad Católica Luis Amigó. Se ha desempeñado como docente universitario. Coordinador del Equipo de Trabajo de Medellín en el Proceso de Comunidades Negras (PCN). Coautor de libro: Debates sobre conflictos raciales y construcciones afrolibertarias. Editorial Poder Negro. 2015.
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