Cuando la tragedia puede convertirse en «salvación»

Por Última actualización: 25/08/2026

Por: Bairon Yesid Castro Caicedo*

Suena irónico, pero hoy, gracias a una catástrofe, muchos de los nuestros pueden tener un plato de comida en su mesa gracias a la solidaridad.

El sismo de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado diez (10) de agosto y que tuvo epicentro en San José del Palmar, municipio del departamento del Chocó (un territorio aislado y olvidado, como todos los del Pacífico), se convirtió en una nueva problemática para una región golpeada por el racismo y la poca oferta institucional. Pero algo que ha demostrado esta tragedia es que la solidaridad puede más: renueva la esperanza y el sentido humano. También nos hizo ver una situación que estaba ahí, pero nos negábamos a ver: el hambre, algo que el terremoto no ocasionó, sino que agudizó.

Buenaventura enfrenta altos índices de inseguridad alimentaria. Alrededor del 41 % de los hogares se ven afectados por esta problemática (afectando especialmente a la niñez), niveles de pobreza multidimensional que duplican la media nacional y una tasa de informalidad que ronda el 35 %. La tragedia ha sido eso: una catástrofe que muchos no quisieran repetir, pues lo perdieron todo —les costará años volver a levantarse o quizás no lo volverán a hacer—, mientras que, para otros, ha significado una “esperanza”: la ilusión de tener aseguradas las tres raciones diarias de alimentos, ya sea por la solidaridad que emana de las decenas de ollas comunitarias a lo largo y ancho de la ciudad o por el gesto humanitario de diversas organizaciones que han decidido apostarle a poner un plato de comida caliente sobre la mesa.

De acuerdo con el programa Buenaventura Cómo Vamos, en su informe de Calidad de Vida, para el año 2024 se presentaron nueve (9) decesos por cada 100 mil menores por causa de desnutrición, obteniendo un leve aumento con respecto al año inmediatamente anterior, 2023, para un total de ocho (8) casos. En esa misma línea, según el Departamento Nacional de Estadísticas, en Buenaventura, entre los años 2018 y 2025, se presentaron 708 casos de desnutrición en niños y niñas menores de cinco años, un promedio de 88 casos por año. Estas cifras son solo el reflejo de una ciudad que durante décadas ha padecido el hambre y esta crisis lo ha profundizado.

La situación de hambre en el distrito de Buenaventura es compleja. La canasta familiar tiende a ser más costosa que en otros lugares del país; las mal llamadas vacunas o extorsiones por parte de grupos y estructuras ilegales impiden que más personas puedan acercarse a la seguridad alimentaria y garantizar las tres raciones diarias. Además, otros factores, como la tasa de desempleo y el asentamiento de pocas empresas, son un caldo de cultivo para agudizar la pobreza y dificultar el acceso a los alimentos.

Es importante reflexionar: las ayudas alimentarias que comenzaron a llegar a Buenaventura el pasado miércoles 12 de agosto son la prueba de que la comida alcanza para todos, siempre y cuando se distribuya de la mejor forma. Lamentablemente, tenemos un sistema político y económico que prefiere la acumulación del capital por encima del hambre de millones de pobres.

Lo que debemos tener claro es que, cuando una persona se acerque a un centro de acopio en búsqueda de comida, no significa que se esté aprovechando de la situación; quizás está buscando la oportunidad de asegurar otro día más de alimentación para su familia.

Para culminar, mi llamado es a seguir contribuyendo con la inmensa ola de solidaridad; que permanezcan las donaciones y que sigamos ayudando para que muchas familias continúen teniendo la oportunidad de alimentarse. Esta crisis no durará una semana, ni mucho menos un mes o un año. La reconstrucción de Buenaventura tardará décadas, porque las crisis se demoran en ser superadas y, en territorios como el nuestro, con desigualdades tan profundas, volver a la normalidad cuesta más. Sin embargo, nos levantaremos. Buenaventura brillará.

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* Administrador de Empresas, Mg. en Gobierno y Políticas Públicas

Sobre el Autor: Columnista invitad@

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