¿Vale algo la vida en Quibdó?

08 de abril de 2022

 

 

Por: Diana Lorena Montaño Riasco

 

En los últimos 8 años, entre las 32 ciudades capitales de Colombia, Quibdó se ha mantenido entre el primer y segundo puesto en el registro de asesinatos”, reportaba la liga contra el silencio en el 2020. El gobierno de Duque incrementó la fuerza militar y policial en la zona aludiendo al adagio popular ‘’Quien la hace la paga’’; sin embargo, quienes continuaron pagando con sus vidas no fueron los actores armados ilegales sino la comunidad civil quibdoseña, registrándose el asesinato de 124 personas a finales del 2020, entre las cuales 97 eran jóvenes. Actualmente, la situación se ha agudizado, reportándose el homicidio de 68 a 70 jóvenes en menos de tres meses ante la presencia impávida de una institucionalidad incapaz y sin autoridad para garantizar la protección de la vida de los jóvenes quibdoseños.

En medio del silencio y el miedo se reclutan y desaparecen jóvenes en Quibdó, se evitan investigaciones judiciales amedrantado a las familias a través de amenazas, y quienes denuncian ante los organismos competentes luego son sorprendidos con llamadas advirtiendo que se sabe quiénes realizaron la denuncia. Ante este panorama, surgen cuestionamientos inevitables ¿a quién temer? y ¿a quién recurrir para ser protegidos? ¿las fuerzas militares y policiales realmente protegen a la comunidad civil chocoana? ¿cuál es el rol de la institucionalidad en la agudización del conflicto armado en la ciudad de Quibdó? ¿adversarios o aliados?

Es bien sabido que todo este derramamiento de sangre se ha cometido ante la cómplice y silenciosa mirada de la institucionalidad local del Chocó y el Gobierno Nacional de Duque, sí cómplices, ¿Cuáles han sido las ofertas creadas para la juventud? ¿cuáles han sido las inversiones realizadas? ¿cuáles han sido los escenarios recreativos, culturales y educativos construidos?  Nada, ninguno, y ni siquiera un poco; y esto lo tienen muy presente los actores armados ilegales, quienes cuentan con ofertas dirigidas a los jóvenes: pago de educación, alimentación, bonos a las familias, etc. Así, pareciera que estas bandas criminales han asumido las obligaciones del Estado, sin que el “Real Estado” despabile. No hay que olvidar que el gobierno de Duque no hizo nada frente al toque de queda impuesto por los mexicanos en el 2020 en Quibdó. ¿será qué se están ofreciendo concesiones en tierras chocoanas de espalda a la comunidad civil que allí reside, a costa de sus vidas y tranquilidad?

Esta crisis humanitaria y social fortalecida ante la mirada cómplice de la institucionalidad, tiene a la juventud quibdoseña sumida en la desesperanza, ¿para qué contar con instituciones incapaces de ejercer alguna autoridad en el territorio, desescalar[i] la violencia y proteger la vida?  ¿Cuál es la función y el deber ser de la institucionalidad? El ministro del Interior aseveró ayer 7 de abril, que -“Los asesinatos en Quibdó no son culpa del Gobierno Nacional» sino de las bandas criminales organizadas, e insistió en que se ha enviado la fuerza publica necesaria para contener a estas bandas[ii]-.

Entonces, como la estrategia armada de contención no ha funcionado en el territorio Chocoano, se recurre a la culpa como si esto fuera un asunto netamente moral y no político y social. Culpabilizar sólo demuestra la carencia de autoridad gubernamental para detener la escalada de la violencia, además, no resuelve como evitar que la comunidad sea carne de cañón en una guerra desproporcionada, y finalmente, confirma el nivel de ineptitud de la institucionalidad colombiana de resolver un problema de desigualdad racial y social sin acudir al uso de las fuerzas militares y policiales como única opción.

Así las cosas, se hace necesario reformar nuestras instituciones de cara a construir una sociedad más justa, equitativa y romper las brechas de desigualdad racial y social en Colombia. Estos cambios deben tener presente la urgencia de garantizar y preservar la vida de la juventud, potencializando las oportunidades de acceso, permanencia y graduación en los escenarios educativos; generando oportunidades laborales y apoyando proyectos de economía propia, protegiendo y potencializando sus liderazgos, construyendo escenarios para el deporte y la recreación.

El comenzar a navegar por la creación de estos cambios, está anclado a nuestras decisiones electorales y políticas a corto y largo plazo. Por lo que, es vital que podamos hacer una sabía elección, para mí, la más acertada es la del Pacto Histórico, en su plan de gobierno se hace un énfasis en las potencialidades y necesidades de la juventud, permitiéndonos darle cabida a la esperanza, que tanto adolecen los territorios de comunidades étnicas en este país.

Finalmente, la situación actual de la juventud Quibdoseña, nos invita a salirnos de nuestra zona de confort manifestándonos a través de las redes sociales mediante carteles, generando contenido en Tik Tok, YouTube – Instagram; denunciando en Twitter; y participando en las movilizaciones que se adelantaran este 8 de abril en algunas ciudades como Quibdó y Bogotá. No podemos ser indiferentes, tenemos que hacer algo, porque “Si [somos] neutral[es] en situaciones de injusticia ha[bremos] elegido el lado del opresor”[iii]

#SOSQUIBDO   #SOSCHOCÓ   #QUIBDÓPIDEPAZ

[i] Fuente FIP Según el documental S.O.S. Quibdó: una ciudad bajo fuego https://www.youtube.com/watch?v=EW-RPIOI4H4&t=591s

 

[ii] https://www.elpais.com.co/colombia/los-asesinatos-en-quibdo-no-son-culpa-del-gobierno-nacional-ministro-del-interior.html

 

[iii] Frase con adaptaciones en corchetes de  Desmond Tutu

Sobre el autor

Con ascendencia guapireña, nacida en Bogotá. Estudió en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, graduándose como Licenciada en Lengua Castellana y Humanidades. fue becaria del programa de inglés Martin Luther King Junior. Desde el 2004 comenzó su camino como activista en el movimiento afrocolombiano en el Colectivo de Estudiantes Universitarios Afrocolombianos (CEUNA). La apuesta de construcción colectiva desde fraternidad y la espiritualidad, son un lugar de enunciación en su vida. Por lo que, actualmente, se nutre compartiendo reflexiones, con otras hermanas, sobre la fuerza vital en la creación y transformación de las opresiones de las mujeres negras dentro del espacio de Colectiva Matamba Acción Afrodiaspórica; apoya la “ Escuela Yemayá” proceso emancipador que se adelantan en Bogotá con la fundación CISPAC, enseñándoles sobre la historia de África y su diáspora en Colombia a niñas, niños y jóvenes afrocolombianas; y, también se sostiene cada día de su existencia por la presencia y comunicación con sus ancestras y ancestros a través del escenario espiritual “Templo Sobrevivientes de África”.
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