Crisis en los cuerpos de bomberos del país

30 de enero de 2024

Por: John Jairo Blandón Mena

En tiempos de profunda crisis se reivindican las profesiones, oficios, labores o trabajos de los que depende, en buena medida, la estabilidad de las sociedades. Durante el Covid-19, los usualmente menospreciados salubristas y mensajeros fueron personas indispensables para sobrellevar la pandemia. Ahora, en épocas de extremo calor histórico causado por el fenómeno del Niño sumado al aumento del calentamiento global, los incendios forestales se multiplican causando graves estragos naturales y sociales.

En este escenario: los cuerpos de bomberos, se hacen más que necesarios para salvar vidas humanas, animales y vegetales, y para intentar preservar el equilibrio natural en los ecosistemas que arden por las llamas. En Colombia, en los últimos días, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) se han presentado cerca de 350 incendios, de los cuales varios siguen activos. El daño en algunos sitios ha sido absolutamente irreparable, como en el páramo de Berlín, en Santander, donde decenas de hectáreas de frailejones murieron calcinados. 

Sin embargo, esta crisis sería peor, si desde el Gobierno Nacional no se hubiera dispuesto la articulación de las Fuerzas Militares con voluntarios, socorristas y bomberos para que atendieran las conflagraciones. Aunque, de todas maneras, en este momento complejo ha emergido la enorme incapacidad que tienen los cuerpos de bomberos del país para atender una emergencia. La precariedad en personal y equipamiento es absolutamente notoria.

Vamos a los datos.

En Colombia hay 20.329 bomberos según la Dirección Nacional de Bomberos (entidad de a la que me referiré más adelante); esto hace que tengamos un bombero por cada 2.500 habitantes, una cifra baja en personal de auxilio en un país con tantos riesgos de catástrofes ambientales.  En Francia, hay uno por cada 250 personas. En Alemania, uno por cada 76 personas. En Estados Unidos, uno por cada 286 personas. Y en Argentina, un país de la región, hay uno por cada 1046 personas. Sin duda, estamos en un promedio bajísimo, que no se compadece de los riesgos a los que está expuesta la nación, como en la actualidad los incendios forestales.

Por otro lado, según la Procuraduría, de los 1.102 municipios del país solo 780 tienen cuerpo de bomberos. ¿Qué pasa con los otros 322? Simplemente están expuestos a condiciones de indefensión frente a una catástrofe. Buena parte de los entes territoriales que cuentan con unidades de bomberos no hacen una contratación por los 12 meses, los recursos son insuficientes y el promedio invertido por municipalidad está por debajo de los 100 millones de pesos.

Históricamente, las asignaciones presupuestales destinadas a la Dirección Nacional de Bomberos de Colombia han sido pírricas. Este año esa dependencia cuenta solamente con 68.376 millones de pesos. Entretanto, las unidades de bomberos voluntarios son débiles porque dependen enteramente de las alcaldías que no disponen de suficientes recursos para ese menester.  Por otro lado, una de las evidencias de que esta Unidad Administrativa Especial, adscrita al Ministerio del Interior no funciona bien, es que hay informaciones sobre politiquería en la entidad cuyo objeto debe ser estrictamente coordinar el sector bomberil, a esto, se le suma que durante un par de días he intentado ingresar a su página web, y esta no funciona (en plena época de incendios, donde debería ser un portal de información preventiva para los colombianos).

Esperemos que la declaratoria de desastre realizada por el Gobierno Nacional facilite la transferencia de los recursos para atender esta catástrofe y para fortalecer el sistema nacional de bomberos de Colombia. De igual manera, sería importante que desde la institucionalidad le prestarán atención a los importantes recursos que le deja (o debería dejarle) a la nación la sobretasa bomberil que se paga en las entidades territoriales, y los fondos departamentales y el Fondo Nacional de Bomberos. Estos son dineros importantes que ojalá estén siendo invertidos bien.  Aunque a juzgar por el panorama planteado, quedan dudas.

Bomberos para atención de desastres

Sobre el autor

Abogado de la Universidad Católica Luis Amigó. Especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Autónoma Latinoamericana. Especialista en Métodos de Enseñanza Virtual de la Universidad Católica del Norte. Especialista en Estudios Afrolatinoamericanos y Caribeños de Clacso. Magíster en Educación del Tecnológico de Monterrey. Y actualmente Candidato a Doctor en Educación de la Universidad Católica Luis Amigó. Se ha desempeñado como docente universitario. Coordinador del Equipo de Trabajo de Medellín en el Proceso de Comunidades Negras (PCN). Coautor de libro: Debates sobre conflictos raciales y construcciones afrolibertarias. Editorial Poder Negro. 2015.
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