Violencia policial y racismo en Bogotá
Violencia policial y racismo en Bogotá: el testimonio de Cristian David Rengifo Valencia que expone una práctica sistemática
Por Jonh Jak Becerra Palacios
Introducción: cuando la sospecha tiene color
Hay violencias que no se anuncian […]. No llegan con advertencias ni protocolos visibles. Operan en lo cotidiano —en una requisa repetida, en una pregunta que incomoda, en una mirada que clasifica antes de escuchar—.
El siguiente relato, entregado por Cristian David Rengifo Valencia, no describe un hecho aislado. Expone, con precisión dolorosa, cómo la violencia institucional en Bogotá puede activarse desde la sospecha sobre la negritud, convirtiendo un acto cotidiano en una escalada de agresión.
Un acto cotidiano que se convierte en intervención policial
“Esa mañana del miércoles 15 de abril salí con mi hermano menor a sacar el perro […]. Era algo simple.”
Así comienza el relato. Un parque dentro de un conjunto residencial. Un espacio que debería ser seguro. Sin embargo, la presencia policial transformó ese escenario.
Un subintendente y un patrullero se acercaron para realizar una requisa. No hubo oposición. Nunca la hay —explica Cristian—, porque la experiencia ha enseñado que cuestionar desde el inicio puede empeorar todo.
Durante el procedimiento, encontraron en poder de su hermano la dosis mínima. No estaba consumiendo. No había alteración del orden.
Aun así, el comparendo fue impuesto.
—“Intentamos explicar que la dosis mínima es legal […], pero nos dijeron que en el Código de Policía no existe”—.
La norma dejó de ser un marco jurídico y se volvió discrecional.
Requisa repetida: cuando el control se convierte en persecución
Minutos después, otros policías regresaron.
“Me detuvieron otra vez […]. Solo pregunté: ‘¿otra vez?’”.
La pregunta fue suficiente para tensar el ambiente.
El hermano de Cristian, desde el interior del conjunto, comenzó a grabar. No por provocación, sino por protección. Señaló que lo que ocurría parecía una estigmatización.
Ese señalamiento desató la violencia.
Un patrullero se abalanzó sobre él. No había agresión previa. No había amenaza. Solo un joven retrocediendo, intentando mantener distancia mientras registraba el procedimiento.
Fue golpeado. Derribado. Reducido.
La violencia se extiende: ni la madre fue respetada
En medio de la escena llegó su madre.
Más de 60 años. Hipertensión. Diabetes.
Llegó como llegan las madres: preocupada, preguntando, intentando proteger.
La respuesta fue el empujón.
“También fue maltratada […]. Eso fue lo que me desbordó”.
Cristian no agredió. No resistió. Solo reclamó.
La respuesta institucional fue inmediata:
Una descarga de Taser.
—“Sentí cómo la electricidad me atravesaba el cuerpo […]. Caí”—.
Traslado y detención: la criminalización sin delito
Su hermano fue llevado a la estación de Policía de Puente Aranda.
Cristian fue después. Buscaba información.
No la obtuvo.
“Preguntar parecía una falta”.
En la entrada, un patrullero afirmó que lo capturaría. Cristian decidió grabar. Era su única herramienta de defensa.
La reacción fue inmediata: fue reducido, ingresado por la fuerza y esposado.
No había delito.
Solo había insistencia en saber.
Dentro de la estación: humillación y racismo explícito
La violencia no terminó en la detención.
Se transformó.
“Ya no eran golpes […], eran palabras”.
El intendente Daniel Romero realizó comentarios que revelan el trasfondo del procedimiento:
—“Ustedes no son negros, son quemados. Negro es el patrullero Rentería”—.
Luego cuestionó su identidad como líderes.
Las burlas continuaron. Policías grabando, tomando fotografías, riéndose.
—“Miren a los que no querían ser grabados”—.
Incluso la solicitud de proteger sus datos fue ignorada.
Ahí, esposado, Cristian comprendió que no se trataba de un exceso individual.
Era una forma de operar.
Lectura crítica: racismo institucional en acción
Lo ocurrido no puede reducirse a un error procedimental.
Este testimonio evidencia una secuencia estructural:
- Requisa inicial sin resistencia
- Sanción pese a marco legal vigente
- Repetición del control
- Escalada de violencia física
- Uso desproporcionado de la fuerza
- Detención sin conducta punible
- Humillación y expresiones racistas
No es un evento fragmentado […]. Es una cadena coherente.
Una lógica.
Como lo ha señalado el pensamiento antirracista contemporáneo, el problema no radica únicamente en el acto individual del agente, sino en la estructura que legitima ese acto. Aquí, la sospecha antecede a la conducta.
Cita destacada
“No fue lo que hicimos […], fue lo que representábamos para ellos.”
Conclusión: nombrar para resistir
“Esto no empezó ese día […], pero ese día se hizo evidente.”
El testimonio de Cristian no solo denuncia una agresión. Expone una realidad más amplia: la persistencia de prácticas donde la negritud activa controles, sospechas y violencias que no necesitan justificarse plenamente para ejecutarse.
Nombrarlo rompe el silencio.
Y romper el silencio es, en sí mismo, un acto de resistencia.
—“Lo que pasó ese día no fue un error. Fue un mensaje. Y yo me niego a aceptarlo en silencio”.

