El látigo invisible: la necropolítica de la inmigración negra en Colombia

Por Última actualización: 07/04/2026

Por: Jacqueline Jaceguai Jac Chagas Nunes dos Santos[i]

Según datos de enero de 2026, Colombia registró más de 21,7 millones de movimientos migratorios solo en 2025. Sobre el papel, la integración entre Brasil y Colombia es un modelo de diplomacia: el Acuerdo de Residencia del Mercosur, los protocolos de cooperación educativa, el reconocimiento de títulos y las exenciones fiscales prometen un tránsito fluido y digno. Para el inmigrante brasileño cualificado, la ley traza un panorama de plenos derechos, desde el acceso a la salud hasta la libertad de culto.

Existe un abismo entre el decreto y la acera. El desamparo institucional de las embajadas y los consulados funciona como un permiso tácito para la discriminación. Lo que vemos hoy es la exportación de mano de obra cualificada brasileña siendo devorada por situaciones análogas a la esclavitud y la explotación laboral desmesurada. La burocracia, tan bien sistematizada por Max Weber (1864–1920), no sirve para organizar, sino para alejar al trabajador de su derecho universal, tratando el silenciamiento como una «vocación» y la deshumanización como una etapa necesaria del capital.

El escenario en Bogotá es la máxima expresión de la necropolítica de Achille Mbembe (1957) operando dentro de las instituciones educativas. ¿Cómo explicar que una docente negra, inmigrante y altamente cualificada, trabaje de febrero a diciembre de 2023 sin cobrar durante tres meses? Mientras ella dependía de donaciones y préstamos para no ser desalojada del inmueble, la estructura educativa pública utilizaba el racismo institucional para extraer su plusvalía hasta el límite de lo soportable.

Es insignificante la actuación de las organizaciones de los movimientos negros que, aunque financiadas con fondos públicos, se limitan a “remitir el caso” de forma burocrática. Si no actúan ante el racismo descarado y la esclavitud moderna, ¿para qué sirven? Mientras los líderes se acomodan en sus cargos, las madres negras son perseguidas en las escuelas y sus hijos son tratados como animales por el sistema de inmigración. El chasquido del látigo ha cambiado de sonido, pero no ha dejado de golpear.

Intelectuales como Frantz Fanon (1925–1961) y Grada Kilomba (1968) ya nos alertaron: la demonización y los estereotipos son estrategias eficaces para la muerte social. No podemos aceptar que el legado de David Harvey (1935) y los postulados marxistas se limiten a “frases impactantes” en las redes sociales.

La lucha exige una acción concreta contra el sistema. Convocamos aquí el espíritu revolucionario de Toussaint Louverture, Zumbi dos Palmares, Thomas Sankara y Benkos Biohó. Que la memoria de Malcolm X, Lélia González y la presencia ancestral de Assata Shakur (1947–2025) no sean solo nombres en citas, sino combustible para la acción.

A los activistas que permanecen en silencio absoluto ante el azote de sus hermanas: la historia no los absolverá. Comunidad trabajadora negra de todo el mundo: uníos de verdad. Se acabó el tiempo de simplemente “pasar el caso”.

[i] Jacqueline Jaceguai Chagas Nunes dos Santos – mujer negra, madre soltera, activista política, candidata a doctora en Cambio Social y Participación Política por la Universidad de São Paulo y en Ciencias Sociales y Naturales por la Pontificia Universidad Javeriana.

Sobre el Autor: admin