El verdadero reto de la representación afro en el Congreso
Bairon Yesid Castro Caicedo [*]
Las curules afro son, quizás, uno de los mecanismos más importantes para la participación y representación política de las comunidades afrocolombianas y palenqueras. Nacieron con la Constitución de 1991, a través del artículo 176, y se reglamentaron mediante la Ley 649 de 2001, convirtiendo estos escaños en una herramienta clave para el cierre de brechas y desigualdades sociales.
Sin embargo, estas dos curules no han estado al servicio de las demandas reales de las personas negras en el país. Por dicho espacio han pasado desde negacionistas del racismo, como es el caso del impresentable Miguel Polo Polo, actual representante, hasta personas sin ningún vínculo con las comunidades y alejadas de la negritud, como Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante, quienes resultaron elegidos para el periodo 2014-2018. Esto abrió el debate sobre la idoneidad de los candidatos y los requisitos para representar a esta población.
Representantes elegidos en la circunscripción especial afrocolombiana:
2002-2006: Representantes María Isabel Urrutia y Willington Ortiz
2006-2010: Representantes María Isabel Urrutia y Silfredo Morales
2010-2014: Representantes Yair Acuña y Heriberto Arrechea
2014-2018: Representantes Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante
2018-2022: Representantes Jhon Arley Murillo y Hernán Banguero
2022-2026: Representantes Miguel Polo Polo y Ana Rogelia Monsalve
2026-2030: Representantes Oscar Benavides y Angela Guanga
Las elecciones legislativas que se acaban de registrar el pasado 8 de marzo dejaron varios mensajes políticos, desde el crecimiento de la izquierda como principal fuerza política en el Congreso hasta la estrepitosa derrota de Miguel Polo Polo en la circunscripción afro.
Polo Polo, quien se ha caracterizado por ser un férreo opositor de las luchas de las comunidades negras y del gobierno Petro, protagonizó además un acto despreciable cuando estigmatizó y negó lo sucedido con los falsos positivos en un evento de conmemoración realizado por MAFAPO (Madres de los Falsos Positivos) en la Plaza de Bolívar, en Bogotá. Dicha acción bochornosa del congresista generó indignación en sectores sociales, en las víctimas y en las izquierdas, quienes entendieron que personas como Polo Polo representan un peligro para la memoria y la construcción de la paz en el país. Desde ese momento se creó la consigna #SaquemosAPoloPoloDelCongreso, que se tradujo en la principal “propuesta” de campaña de Óscar Benavides y el movimiento Libres.
La campaña de Benavides comprendió que su estrategia debía conectar con las emociones, especialmente con la rabia y la indignación que generaba Miguel Polo Polo. Por eso construyó una narrativa clara y directa: recuperar la curul afro. Su bandera de campaña, que en la práctica se tradujo en “sacar a Polo Polo del Congreso”, convirtió la elección en una especie de referéndum sobre quién debía estar en el Congreso legislando en representación de las comunidades negras en Colombia. Y esa estrategia funcionó.
Benavides logró capitalizar un sentimiento que venía creciendo en distintos sectores del país, especialmente en la izquierda: la percepción de que la curul había terminado representando más una batalla ideológica nacional (entre la izquierda y la derecha conservadora y reaccionaria que representa Miguel Polo Polo), que las luchas históricas de las comunidades negras, raizales y palenqueras por cerrar brechas de desigualdad social y acceder a mejores oportunidades.
Así, su campaña se convirtió en un aire fresco para unas curules que han sido manoseadas y usurpadas por sectores ajenos a las realidades afrocolombianas.
El triunfo de Benavides no fue menor. Alcanzó una de las votaciones más altas registradas para esta circunscripción. Con una lista cerrada que obtuvo 150.000 votos el movimiento Libres se consolidó como una fuerza importante para garantizar “legitimidad” y “representación”. Sin embargo, es importante precisar de dónde vienen los votos y así medir si dicha curul estará en representación de las comunidades o de otros sectores políticos.
Buena parte de los votos del movimiento Libres provienen de regiones con presencia afro. Sin embargo, porcentualmente son inferiores al caudal electoral recibido. En la capital del país, la lista de Benavides obtuvo más de 47.000 votos, con un porcentaje del 58,9 % de los votantes para Cámara afro en esa ciudad. Muy detrás de él le siguen Polo Polo, con 5.511 votos, y la lista del Consejo Comunitario Manuel Zapata Olivella, con solo 1.650 votos.
| Territorio | N° votos | Porcentaje |
| Antioquia | 13.838 | 35,12% |
| Atlántico | 9.715 | 10,47% |
| Bogotá | 47.457 | 58,90% |
| Bolivar | 9.358 | 30,98% |
| Consulados | 4.960 | 38,48% |
| Cundinamarca | 9.699 | 51,03% |
| Valle del Cauca | 12.922 | 25,95% |
| Total, votos en principales departamentos | 107.949 | 72% |
Elaboración propia con datos del preconteo de la Registraduría Nacional.
La lista del movimiento Libres consiguió ser la más votada de la circunscripción afro en 26 de los 32 departamentos del país, sumado a los consulados y a Bogotá, lo que quiere decir que arrasó en votación sobre las otras listas que se postularon para competir por dichas curules.
Lo curioso es que, en los cuatro departamentos de la región del Pacífico (Cauca, Chocó, Nariño y Valle del Cauca), solo gana en el Valle. En Cali, la ciudad con mayor porcentaje de afrocolombianos, logra un caudal electoral de 8.400 votos, un número importante para garantizar legitimidad. Mientras tanto, Buenaventura (uno de los bastiones de la izquierda y del Pacto Histórico) presenta el escenario contrario: solo logró conseguir 571 votos, detrás del Consejo Comunitario de Limones (1.230) y del Partido Ecologista (632).
Las críticas a la Vicepresidencia y la negación del racismo institucional:
La primera vez que supe de Óscar Benavides fue a través de un video viral en la red social X (antes Twitter). En dicho contenido audiovisual se refería a la vicepresidenta como una persona que se victimizaba y aseguraba que los casos de racismo en el gobierno eran supuestos, negando lo que atraviesa una persona negra en las esferas del poder.
Para nadie es un secreto que la relación entre la vicepresidenta y el presidente terminó eclipsada por el trato que recibió Márquez dentro del Gobierno: desde trabas institucionales hasta acusarla de traidora de las causas del progresismo. Algo que no sucedió, porque la vicepresidencia estuvo comprometida con la apuesta de cambio social desde el primer día. Quizá el gobierno no se comprometió realmente con el Pacífico ni mucho menos con darle poder real a Francia. Un gobierno al que le pareció más importante el simbolismo que las acciones concretas para el Pacífico.
Por tal razón, los acuerdos del paro cívico en Buenaventura y Quibdó no presentan avances ni siquiera del 30 % de ejecución. Eso también es racismo institucional.
Volviendo a Benavides, el tumaqueño optó por marcar distancia con la vicepresidenta, a quien llamó en varias ocasiones “afro conveniente”. Durante la campaña fue crítico de la gestión de Francia Márquez y de los resultados del Ministerio de Igualdad, señalando que, más allá del simbolismo político, las transformaciones concretas para las comunidades afro aún no se perciben con claridad en los territorios.
Sin embargo, nunca culpó ni juzgó al presidente o a los ministros del Gobierno, quienes contaban con los recursos y la responsabilidad para llevar progreso al Pacífico y a otras regiones del país con fuerte presencia de comunidades negras.
Esta postura le permitió algo políticamente estratégico: capturar votos de sectores de izquierda inconformes con la vicepresidenta y su rol en el gobierno. Muchos electores progresistas que respaldan las agendas sociales del gobierno encontraron en Benavides una figura simbólica cercana a esas causas, pero con dos valores agregados: sacar a Polo Polo del Congreso y reivindicar la figura negra dentro de las izquierdas.
Los retos de la representación afrocolombiana en el Congreso
En este contexto, la elección de Benavides y su movimiento (quienes terminaron ocupando las dos curules) se convierte en una especie de reconfiguración de la representación afro en la política nacional. Además, se suma a la lista de congresistas con banderas de izquierda y del progresismo, serán bancada de gobierno en un eventual segundo mandato de este sector político.
Habrá que esperar qué tanto puede representar a las comunidades negras que se sienten aisladas y sin una figura visible que pueda poner sus problemas estructurales en el debate legislativo. La victoria electoral es apenas el primer paso para la transformación de las curules afro.
La circunscripción afro no puede reducirse a una disputa de nombres ni a un ajuste simbólico. Su propósito es garantizar que las comunidades afrocolombianas tengan una voz efectiva en la construcción de políticas públicas. Eso implica la creación de leyes sobre el desarrollo económico y social del territorio y el control político sobre los grandes proyectos necesarios para las regiones con presencia afro en el país.
El Congreso de Colombia ha visto pasar múltiples representantes de curules afrocolombianas que llegan con expectativas, pero que terminan diluidos en las dinámicas tradicionales del poder legislativo, sin una real capacidad de incidencia y sin proyectos transformados en leyes que ayuden a cerrar brechas de desigualdad. Evitar que esto suceda será una prueba real de su liderazgo y capacidad política.
Si Benavides logra convertir su capital político en una agenda legislativa clara, que beneficie a las comunidades negras, con articulación territorial y capacidad de incidencia nacional, su triunfo podría marcar un punto de inflexión en la representación afro. Pero si su paso por el Congreso se limita a la confrontación política o al protagonismo mediático, la oportunidad podría desperdiciarse. Una agenda afro centrada es necesaria; de lo contrario, puede convertirse en un congresista absorbido por las dinámicas de la izquierda.
Para culminar, lo que está en juego es algo mucho más importante: demostrar que la representación afro puede dar resultados, ser transformadora y capaz de responder a las demandas de los millones de afrocolombianos que hay en el país. Un reto inmenso después de Polo Polo y su nula representación.
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[*] Bairon Yesid Castro Caicedo: Bonaverense, Administrador de Empresas, Magister en Gobierno y Politicas y Diplomado en Gobernanza Estratégica. Apasionado por entender las dinámicas de las instituciones públicas. Título completo de la columna: Después de Polo Polo: el verdadero reto de la representación afro en el Congreso.


