The New US National Security Strategy. Entre Saltos o asaltos capitales

Por Última actualización: 15/12/2025

14 de diciembre de 2025

 

Por: Melquiceded Blandón Mena

Obnubilados por la trayectoria confrontativa y gansteril que Estados Unidos, a través del gobierno de Donald Trump le está dando al orden global en su estrategia de bloquear a potencias y capitales emergentes para repotenciar la decadente hegemonía norteamericana en el mundo, nos hemos preguntado por la doctrina, política, acuerdo o plan que le diera una fluidez al conjunto de acciones de guerra y piratería trasnacional de las fuerzas armadas estadounidenses.

Donde, «coincidentemente», en el marco de la «sustracción» o apropiación armada que hicieron militares de Estados Unidos de un buque que transportaba petróleo venezolano en aguas del mar Caribe, en la más reciente ofensiva de la campaña del gobierno de Donald Trump contra Venezuela, se hizo pública la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos.

La Estrategia de Seguridad Nacional presentada por la Casa Blanca sostiene que «después de años de negligencia, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preminencia estadounidense en el hemisferio occidental y para proteger a nuestra patria y nuestro acceso a sus geografías a través de la región». 

Lo cual reafirma su lucha por el carácter imperialista de su Estado en el concierto global, desde una concepción disuasiva del poder que someta y condicione el orden global y regímenes políticos, con la amenaza de toda la capacidad militar para el disciplinamiento del hemisferio occidental a las condiciones que garanticen el bienestar de las elites estadounidenses, sobre la creencia de la grandeza y hegemonismo inherentes a su cultura angloamericana.

La concepción persuasiva, defensiva e impositiva para retomar su hegemonía global propone movilizar todos los recursos de su poder nacional sobre la consideración de una serie de estrategias de política exterior, así:

En la guerra comercial y arancelaria, ha buscado imponer un porcentaje arancelario a todos los bienes que se exportan hacia los Estados Unidos, con una sobre carga a bienes específicos, como el aluminio y el acero. La guerra comercial se ubica en el intento del gobierno americano por frenar la importación masiva de bienes a su país y equilibrar el déficit en balanza comercial.

Desde la guerra contra los migrantes, a través de su encarcelamiento, repatriación masiva y forzosa, quienes además son concebidos como vectores de inseguridad y amenaza para la pervivencia de las raíces anglosajonas del Estado-nación, generando un marco discursivo que naturaliza políticas de exclusión y control.

En el bloqueo de visados, donde la administración Trump viene revocando permisos temporales, visas y asilos en una amplia campaña contra la inmigración dirigida a las supuestas amenazas para la seguridad nacional.

En la política de desertificaciones, que en el marco de la guerra contra las drogas, implica la certificación de Estados Unidos en la lucha contra las mafias nacionales y trasnacionales del negocio, es un mecanismo implementado para evaluar la cooperación de países productores o de tránsito de drogas en la erradicación de cultivos ilícitos y el combate al narcotráfico.

En el bloqueo militar y económico, donde a través de los cercos militares, la confiscación de activos, el desconocimiento de gobiernos adversos elegidos democráticamente, el apoyo a fuerzas legales e ilegales desestabilizadoras, las múltiples sanciones económicas y en la persecución política  de lideres y lideresas de países en resistencia, el aparato ejecutivo, judicial y militar de los Estados Unidos, intimida, presiona y prohíbe los intercambios económicos y comerciales al y con el país objetivo, y así obligarlo a someterse a las demandas de Estados Unidos. Si bien la práctica es menos violenta que un ataque militar, y se efectúa con medios financieros, las consecuencias para las poblaciones civiles suelen ser fatales, produciendo hambrunas, escases de vacunas, medicamentos, agua e insumos para el saneamiento básico, véase Cuba, Gaza, Venezuela y algunos países africanos.

En los encarcelamientos masivos extrajudiciales, como estrategia de control biopolítico, busca encarcelar y deportar masivamente a población migrante, la mayoría de las personas que ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU.) está arrestando ahora, nunca han sido condenadas por un delito. Los arrestos por parte del ICE han aumentado en todo el país y se han más que duplicado en 38 estados. La mayoría de los arrestos han ocurrido en Texas, Florida y California, cada uno de los cuales tiene una gran población inmigrante.

Los arrestos han aumentado especialmente en los estados del sur y del oeste que han apoyado decididamente la agenda de inmigración de Trump, ofreciendo recursos estatales y personal policial para trabajar con funcionarios federales que buscan detener a inmigrantes. También se presentan cientos de casos, donde extrajudicialmente se han deportado migrantes directamente a cárceles de máxima seguridad como en el Salvador.

En el bombardeo a población civil como estrategia para simular la guerra contra las drogas y tener el control militar en zonas geoestratégicas como Venezuela y Colombia. Esta serie de acciones en el Caribe está siendo consideradas e investigadas como delitos de guerra del gobierno Trump.

En la incidencia política y económica de elecciones presidenciales y parlamentarias para el control político y electoral de países estratégicos, y en la guerra selectiva contra las drogas para controlar transaccionalmente el negocio, y los países donde producen o circulan estupefacientes.

En las sanciones económicas unilaterales masivas para el control del comercio mundial y quitarle el aire a bloques económicos y países que intentan sacudirse del dólar o asoman un ápice de competencia a los bloques económicos hegemónicos de control norteamericano, ademas del acceso a recursos estratégicos bajo el control de países inamistosos con el Estado hegemón.

En la piratería trasnacional para el robo de activos estratégicos de países con economías sancionadas unilateralmente por el país norteamericano.

La nueva estrategia de seguridad nacional  de los Estados Unidos, no es la demostración de las capacidades de una potencia emergente, es el intento  de un golpe de mano de un país en decadencia acelerada, de la cual el bloque Trumpista es tanto el síntoma más evidente como el máximo catalizador.

Es menester que las fuerzas y proyectos políticos alternativos en Afro – Indo – América Latina se organicen en torno a un bloque multipolar, un actor estratégico colectivo que negocie y plante su lugar en órdenes emergentes, desde la comprensión que nuestra mayor vulnerabilidad no es la falta de recursos, sino la ausencia de un plan; porque no hay metáfora ni encantamiento que nos absuelva de mirar de frente lo que ocurre, no vaya a ser que, como el enamorado de una ilusión que lo reclama desde la penumbra, terminemos extraviados entre lo que anhelamos y lo que es, incapaces de reconocer en qué punto la realidad se quiebra y el deseo toma su lugar.

Sobre el Autor: Melquiceded Blandon Mena

Melquiceded Blandon Mena